Crítica de "El Hijo": La versión retorcida de "Superman" de la mano de James Gunn

El título que da una vuelta de tuerca a la historia del superhéroe y que llegará a nuestras pantallas el próximo 24 de mayo.
El universo cinematográfico de James Gunn no se puede acotar a las películas que ha dirigido, puesto que en su labor de guionista y productor reside el ADN que le dio un nombre en la comunidad del cine de terror y underground. No hace falta que repasemos su trabajo para Zack Snyder en la superlativa Amanecer de los muertos, pero conviene pararse a analizar sus dos primeros proyectos tras la cámara antes de meterse en el terreno de la Space Opera y el cómic con sus Guardianes de la Galaxia y, ahora, Escuadrón Suicida.

En El hijo, se pueden rastrear algunos elementos de su debut. Slither narraba una invasión alienígena en un pequeño pueblo rural americano, con un tono de humor que no escondía ciertos afectos por lo sórdido, la dimensión trágica de la caída de un meteorito con sorpresa en un terreno apartado de las grandes urbes. Incluso contaba con Elisabeth Banks, de nuevo protagonista, y Michael Rooker, que en esta ocasión hace un nuevo cameo. Pero, sobre todo, destacaba por su descripción de los personajes del espacio rural americano en la actualidad, una visión en parte caricaturesca, en parte realista, que se repite en la película de David Yarovesky. La otra combinación, claro, es la aportación previa el universo de comic book de Gunn. Súper mostraba las aristas más oscuras del delirio superheróico de una persona normal, pero lo hacía con gore, fugas fantásticas, humor salvaje y un traje de color rojo que parece el borrador amable del atuendo que lleva Brandon en El hijo.



Pero si algo da verdadera entidad a su obra, es su capacidad para ofrecer un rango transversal de los géneros, casi funcionando como espectáculo bomba, como gamberrada llena de veneno para la idea de un cine para todos los públicos. Es por eso que tanto El hijo como la criminalmente infravalorada The Belko Experiment parecen estar entre sus proyectos más personales, pese a estar dirigidas por otras personas. Es significativo, en el caso que nos ocupa, que su visión oscura del mundo de los superhéroe tenga como reflejo su propia participación en el mundo Marvel y DC y por otra parte, sea una especie de mofa macabra a la visión de Superman de El Hombre de Acero, de su colega Zack Snyder. No solo toma como punto de partida la idea de la caída a la tierra del de Krypton, sino que hace un paralelismo fiel, cruel y cruento de la primera parte de la cinta de DC. Tanto es así que su propuesta no esquiva la idea principal sobre la que se vertebra la nueva visión del personaje, la relación con su madre, y consigue enarbolar su propia visión subversiva no solo del héroe, sino de la maternidad.

Lejos de ser una fechoría hueca, El hijo es una película tremendamente oscura, casi misántropa, en la que no hay ningún personaje con el que lleguemos a empatizar del todo. Si bien la vulnerabilidad de los padres nos crea ciertas simpatías, la proyección de la maternidad de Banks está lejos de ser una idealización hecha con plantilla. Su interpretación consigue retratar un estrato social sin edulcorar ciertas actitudes propias de la nueva paternidad, convirtiendo la pieza en una sátira macabra del nuevo estatus de la educación y la familia, con ligeras muestras de la inadecuación de las generaciones de los 80 a la posición de nuevos padres. La película no deja de ser tampoco, una nueva reformulación del cine de niño diabólico, con las habituales implicaciones adaptadas a los nuevos desafíos de la paternidad, como por ejemplo, el dilema ético de aceptar que tu hijo puede salir convertido en un pequeño hijo de puta.


Sin llegar a la densidad de conflicto de Tenemos que hablar de Kevin, el proceso psicológico de la madre, conforme debe lidiar con las acciones de su hijo, es uno de los puntos fuertes del libreto de Mark y Brian Gunn, sin embargo, todo lo que va surgiendo a partir de la idea de un supervillano preadolescente va cerrando filas hacia el cine de terror tradicional. Los tropos de La profecía se mezclan casi con una estructura de slasher en la que no se escatima en sangre. No solo resulta impactante ver a un niño matar de forma fría, sino que además, el uso de los poderes da pie a la descripción visual de muertes bastante escabrosas, poco comunes en una película de terror mainstream, que además sirven de revulsivo filosófico para el género que asimila. Se le puede achacar que ciertas partes se asumen con tan solo ver el tráiler y que lo verdaderamente jugoso se acumula en el tercer acto, pero a sencillez de la historia y la capacidad de afrontar el tema central es tan valiente y certera que es difícil pedirle más a una película de terror de estas características. Original dentro de su propia falta de exigencia, deliciosamente perversa y con una conclusión atrevida que aguijonea los clichés y convierte a El hijo en mejor película de lo que una modesta oferta de género suele permitirse ser.

Por Jorge Loser.