Crítica de "The Chain", el título de David Martín Porras que se estrena este fin de semana

La película cuenta con un reparto encabezado por John Patrick, Neus Asensi, Ray Wise, Adrienne Barbeau, Jamie Clayton y Madeline Zima
La ópera prima del cineasta David Martín Porras, el telefilme Stealing Summers (2011), no sirve como orientación para lo que representa este, su primer trabajo dentro del fantástico y terror. Realizador artesano de humildes filmes televisivos, este español afincado en Los Ángeles ha ido creando un pequeño taller de trabajo en el que los encargos han servido de “mili” para enfrentarse a su primera obra de autor, un trabajo diferente, extraño y cargado de ideas que denota una voluntad irreprochable de contar un montón de cosas a lo largo de un hilo conductor de narrativa fragmentada. The Chain no es tanto una nueva Mullholand Drive (2001), con la que se ha empezado a relacionar, sino más bien un Abre los Ojos (1997) modesto con un trasfondo psicológico más denso y con menos atención al entramado de giros sino al desarrollo de personajes.

Martín Porras marca ciertas distancias con otras obras de género recientes en el panorama español a través de su emplazamiento, nada más y nada menos que la ciudad en la que ocurren películas de desarrollo lynchiano como Lo que esconde Silver Lake (2018), pero no es muy distinta a algunas pequeñas muestras recientes como Most Beautiful Island (2018) de la directora española Ana Asensio. Aquella, que narraba algo totalmente diferente, tiene en común con The Chain dos cosas: el emplazamiento en una ciudad de Norteamérica —Nueva York en el caso de Asensio— y el hecho de que sus personajes descubren logias desconocidas, con rituales oscuros y estrictas normas para conservar su existencia en secreto. Aquí, “la cadena” es un organismo oculto de personas que se ayudan para suicidarse cuando alguien ha tomado la decisión y no consigue reunir el coraje suficiente para hacerlo él mismo. Una organización como la que hace eutanasias ilegales en la reivindicable The Hexecutioners (2015) y que el director ha sacado —la realidad es más extraña que la ficción— de noticias reales, y la ha articulado como el hilo conductor de su obra.



The Chain nos presenta a Mike, un protagonista atormentado por el miedo, cuando se entera de que tiene la misma enfermedad neurológica que su padre. Por ello, decide acabar con su vida y acude a una turbia organización de suicidios asistidos que opera bajo una regla: si quieres morir, tienes que matar a alguien primero. Una premisa interesante que no acaba de llegar a cubrir con éxito todos los frentes de la original idea, pero que mantiene el interés gracias al juego que da el narrador no fideligno, ya que nunca sabemos hasta qué punto la percepción de Mike hace que lo que vemos en pantalla esté tras el filtro de una mente emponzoñada por paranoia y alucinaciones. Martín Porras nunca lleva el filme por derroteros de horror puro, sino que aplica códigos de thriller y misterio, dejando que la desorientación juegue parte del propio entramado, llevando a situaciones que tienen que ver con el Hitchcok más perverso que con el escalofrío de imaginerías macabras.

El presupuesto de la película es muy ajustado, no hay un gran despliegue de medios y las escenas tienen como punto férreo la interconexión de los personajes y el conflicto personal de Mike, que ve como el peso de la enfermad se va convirtiendo en un lastre que añade capas de ansiedad. No hay más acción que el planteamiento y la resolución de enigmas que se basan en el trabajo de los actores, entre los que destacan una sorprendente Neus Asensi y los pequeños papeles de Adrienne Barbeau y Ray Wise. En el caso de este último tiene uno de los mejores momentos del filme, en las primeras escenas, cuando Mike despierta y ve a su padre haciendo algo que deja con la boca abierta. Si bien el tono decadente y sucio de detalles como el anterior está presente durante todo el filme, quizá se echa en falta algo más de arrojo en la puesta en escena, un poco de sal y pimienta en las soluciones visuales de los momentos menos dinámicos para hacer cada revelación oral algo más impactante.


The Chain no es una película fácil, ni por su carga textual de reflexiones sobre el suicidio ni su exploración sobria de las consecuencias enfermedad mental hereditaria y como eso afecta a la vida de quien no presenta, a priori, síntomas extraños de la misma. Quizá no es la apuesta más adecuada para un viernes noche de palomitas, pero tiene un entramado filosófico interesante, que trasciende sus limitaciones formales y nos dejan ver a un cineasta comprometido con su propia idea de cine de género, fuera de modas y tendencias, con un gran margen para crecer en el cine español o, con más probabilidad, en el americano.

Por Jorge Loser.

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