Crítica de "Bosque Maldito", la triunfadora del FANT 2019 que llegará a los cines el 19 de julio.

La cinta dirigida por Lee Cronin que llegará a nuestros cines tras haber obtenido el galardón a Mejor Película en el FANT 2019
Es indudable que si hay un subgénero del cine de terror que ha tenido un renacimiento explosivo durante el año 2019 es el de los niños maléficos y diabólicos. Empezamos con The Prodigy y su mitología de la reencarnación. En El Hijo se nos propuso un cruce entre dos filmes de culto de Richard Donner, la primera parte de Superman y La profecía. Ahora nos llega Bosque Maldito, conocida en su título original como The Hole in the Ground (El agujero en el suelo) y supone la más singular de las tres propuestas, puesto que no solo se dedica a mostrar los terrores de un infante mortífero, sino que explora la dimensión psicológica de la maternidad fracturada y lo relaciona con las leyendas irlandesas del intercambio, ampliando el espectro fantástico y los elementos de misterio.

También puede ser perfectamente emparentada a ese grupo de películas sobre madres solteras o viudas que tan bien ejemplifica Babadook, con la que también coincide a nivel de tono dramático e incluso visual, con colores apagados y lavados. Y es que, en Bosque Maldito, la duda razonable (o no) es si la imagen del hijo que un día no reconoce es una mala pasada de la cabeza de Sarah, la protagonista interpretada por Seana Kerslake. El guión de Lee Cronin y Stephen Shields desarrolla su misterio con cuidado y sin apresurarse, manteniendo la ambigüedad y dejando implícita una historia de fondo que nunca se revela del todo, pero que se insinúa de tal forma que añade capas a la atmósfera. Gracias a una dirección elegante, va creciendo una sensación de inquietud que hace que la tensión y el terror vayan calando hasta que entra a rodar el tercer acto, que resuelve todo de forma un poco apresurada. Un desenlace sorprendentemente fácil que no es totalmente decepcionante —los momentos finales son efectivos en su uso de los silencios— pero que no está a la altura de lo que había conseguido construir hasta el momento.



Quizá el sabor agridulce proviene por la sensación de dèja vú, no solo por moverse hacia filmes de ideas similares, —la reciente The Hallow, por poner un ejemplo— sino porque revela una sorprendente similitud, alucinante incluso, con otra película de una temática similar de hace una década, interpretada por una gran estrella de Hollywood, que es casi mejor no mencionar. Su falta de originalidad, sin embargo, tampoco echa abajo sus elementos positivos, como la siniestra interpretación de James Quinn Markey como Chris, el niño protagonista. En general todo el elenco es muy convincente, destacando a James Cosmo como el vecino cuya familia vivió sucesos extraños similares años antes.

También destaca la chistera de Cronin para describir desde el principio un escenario tenebroso, con portentosos planos abiertos bellamente filmados del agujero del título original. O pequeños detalles como la reflexión de Chris distorsionada en una sala de espejos de parque de atracciones aparentemente abandonado que se hará un motivo recurrente. La película no hace amagos de esconder su inclinación por el género, pero siempre moderando la tensión y con un ritmo frío, apoyado en el minimalismo general, que, si bien evita usar tácticas baratas para dar miedo a base de sustos, a veces se pasa de marcha larga y se estanca un poco. Lo más interesante de la estrategia de Bosque Maldito es cómo nos sumerge en un estado de paranoia en el que ni el espectador está seguro de lo que está viendo. Siempre atento a sus personajes, Cronin logra transmitir un estado de ánimo depresor y envolvente, que se asoma a lo espeluznante y bañado en dobles sentidos. Pese a su coda anticlimática, la película es lo suficientemente efectiva como para crear expectación frente al próximo trabajo de Lee Cronin.


Lo mejor: Su atmósfera inquietante y su emplazamiento frente a una naturaleza opresiva y llena de misterios.

Lo peor: Su resolución algo decepcionante y parecida a otras películas.

Por Jorge Loser.