Sitges 2019: Día 5 ("El Hoyo", "Lux Aeterna", "Daniel Isn´t Real", "After Midnight")...

Llegamos al ecuador del festival con un día donde hemos podido ver títulos absolutamente magníficos
Llegó el midpoint del festival. Cincuenta por ciento completo y cinco días de esta ecléctica edición que comienza ya a entrever sus mejores títulos en, por sorpresa de todos, uno de los mejores días de la programación.

Y el día no ha podido comenzar mejor que con El Hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia, 2019), la película española de ciencia-ficción que dio la sorpresa en el pasado festival de Toronto al ganar el premio del público en la sección Midnight Madness. Una distopía sobre un lugar, el “Hoyo” del título, en el que prisioneros y voluntarios se distribuyen a través de una interminable estructura vertical. Cada día baja nivel a nivel un auténtico banquete que, como cabría esperar, va menguando en cada piso. Esto pondrá frente a las cuerdas a su protagonista, un joven con ciertos ideales que se tendrá que enfrentar a los peores aspectos del ser humano. Una brillante y trepidante cinta que sirve tanto de metáfora sobre el contemporáneo uso de los recursos como de entretenimiento de alto nivel. Muchos pensaban en Snowpiercer o Cube cuando oían hablar de ella, pero después de verla se puede decir con tranquilidad que puede mirarle a los ojos a cualquiera de ellas. Raro sería no verla en alguno de los premios gordos del palmarés.


(El Hoyo)


El cine Prado ha repetido el pase de la Gala Mèlies de la noche anterior, proyectando el mediometraje Lux Aeterna (Gaspar Noé, 2019). Delirante y excesivo como siempre, el proyecto presenta los entresijos del rodaje de una escena con crema de brujas, al tiempo que todas las tensiones y problemas se amontonan para un clímax (no pun intended) estroboscópico alucinante. Noé recuerda las palabras de Dostoievski sobre la epilepsia, recoge citas de Dreyer o Godard y se lo pasa pipa estrujando de nuevo el lenguaje cinematográfico para joder con el espectador. En el Q&A posterior ha dejado clara su postura: “si no es para divertirse, ¿para qué hacer cine?”.

La tarde se ha inaugurado con una de esas propuestas cargada de buenas críticas en la cosecha de festivales. Daniel Isn’t Real (Adam Egypt Mortimer, 2019) o la historia de Luke, un chico con problemas mentales en la familia y un amigo imaginario, Daniel, que resurge en el momento que más lo necesita. Daniel es el perfecto amigo de perrerías, siempre tiene los mejores consejos y está ayudando a Luke al fin a integrarse en la universidad. Todo se complicará cuando estos consejos sean cada vez más peligrosos y sus intenciones cada vez menos claras. ¿Y si Daniel no fuera un producto de la imaginación de Luke? ¿Y si Daniel… fuera real? Una brillante propuesta, original, deudora en ocasiones de la nueva carne y con un gran dibujo de personajes. Enésima sorpresa que bien se podría merecer los premios a dirección o guión. Y ojo a Patrick Schwarzenegger, hijo del susodicho, marcándose uno de los villanos del año.


(Daniel Isn´t Real)


Unos cuantos hemos aprovechado el subidón de adrenalina para correr de nuevo al Prado y llegar a Horror Noire: A History of Black Horror (Xavier Burgin, 2019). El documental, un original de la plataforma de terror VOD Shudder, repasa la historia del cine de terror afroamericano, desde Son of Ingagi hasta Get Out, pasando por las icónicas películas de Blackula o el impacto que generaron iconos como los del protagonista de La noche de los muertos vivientes. No tanto una recogida de títulos a descubrir como una tesis sobre la importancia de la representación en la cultura pop.

Mientras, en el Auditori se entregaba el premio Màquina del Temps a Javier Botet, actor catalán que, en cuestión de diez años, se ha convertido en todo un icono del género. Lo ha hecho al tiempo que presentaba Amigo (Óscar Martín, 2019), una angustiosa revisión de “Intocable con hijos de puta”, como les gusta decir a sus responsables. Una cinta modesta en la que David Pareja y Javier Botet interpretan a dos amigos marcados por un trágico accidente en el que uno de ellos quedó paralítico. Sorpresa generalizada y buenas sensaciones para una película enana, sincera y con mucha mala baba.


(Amigo)


El día ha acabado por todo lo alto con una última dosis de sorpresa, After Midnight (Jeremy Gardner, 2019), la última película del realizador de The Battery. Aquí de nuevo protagonista, Gardner interpreta a un hombre con un doble problema: su mujer lo ha abandonado y, desde el día que lo hizo, un monstruo se le aparece cada día después de medianoche. Con pocos elementos y los amigos habituales, esta pequeña producción “mumblegore” construye un bonito relato sobre las relaciones sentimentales, las pequeñas quiebras que se convierten en ruptura y los errores que cometemos con las personas que amamos. El público la ha adorado, aplaudiendo sus momentos más acertados y sentimentales. Una joyita.

Hoy veremos si continúa la racha con otra de las cosechas de Cannes (Bacurau), el thriller con pijos y yates de Harpoon, la gamberrada con bebés mutantes Snatchers o el nuevo título del enfermizo Fabrice Du Welz, Adoration.

Por Carlos Marín.

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