Caperucita se hace mayor: "En Compañía de Lobos" cumple 35 años.

Revisamos por su 35º aniversario "En Compañía de Lobos", la obra maestra del director irlandés
La revisitación y “modernización” de cuentos/leyendas populares hace tiempo que es moda. Caperucitas actuales ("Freeway"), cenicientas progres ("Por Siempre Jamás"), madrastras más malvadas que nunca ("Snow White"), hadas de los dientes ("En la Oscuridad")... Muchas de estas adaptaciones aprovechan los miedos atávicos que reflejan estas historias de origen popular para hacer modernas historias de terror teen. Algunas basan su “modernización” en situar el tiempo narrativo en nuestros días, manteniendo el trasfondo moral del texto original. Y hay algunas joyas, como la que es objeto de estas líneas, que usan magistralmente esa base de cuento popular y leyenda para elaborar un fascinante juego de metáforas, encajadas unas dentro de otras a modo de muñecas rusas; metáforas sobre temas atemporales, inmanentes.

En este juego, la muñeca más grande sería la metáfora sobre el paso de la infancia a la madurez en la mujer, en Rosaleen. Su caperuza roja, el rojo, la sangre, símbolos recurrentes, aluden a los dos momentos claves de la emancipación sexual de la mujer: El rojo-sangre de la primera menstruación y el rojo-sangre de la desfloración. Ella es la rosa blanca tiñéndose de rojo. Tenemos dos Rosaleen en la película. Por un lado está la Rosaleen-niña, que duerme en su habitación de princesita, rodeada de juegos y muñecas. Estos juguetes, representación directa de la infancia, serán lo primero que el lobo destruya al irrumpir en su habitación. La segunda Rosaleen será la de su propia pesadilla freudiana, la que evoluciona hasta alcanzar la madurez entre las garras del lobo. Con la llegada a la vida adulta ya no es posible mantener la inocencia del niño; así, la Rosaleen-niña debe ser destruida para preparar la habitación para la llegada de de la Rosaleen-mujer, la que acaba de tener su primera menstruación.



Al contrario que el hombre, que tradicionalmente ha tenido que seguir una especie de ritual iniciático marcado artificialmente para indicar el paso a la vida adulta, la mujer siempre ha tenido un aviso natural, biológico. Es el aviso que recibe Rosaleen, junto con los consejos de su abuela y la caperuza roja. Ahora deberá cubrir sus formas incipientes con ella, se ocultará de la mirada del depredador con ella. Y un día, decidirá que no quiere seguir ocultándose y la tirará al fuego. Será el anuncio de que el segundo paso hacia la madurez está cerca: La aceptación de su propio cuerpo y el anuncio voluntario de su “disponibilidad” El cazador dice “Tírala al fuego, ya no te hará falta”, y ella acepta.

Rosaleen se deshace de su capa y su abuela muere (rota como las muñecas de porcelana de su dormitorio), eso le da la libertad. Su abuela era la voz de la “sabiduría” matriarcal, que siempre ha practicado un canibalismo de género con las de su especie. “No te apartes del sendero”, dice ella. Ni en el bosque, ni en la vida. Pero Rosaleen adapta la máxima de su abuela con una sabiduría aún mayor, la que no desoye del todo los deseos naturales, además de la prudencia: “No te apartes del sendero si no estás dispuesta a asumir las consecuencias” Y Rosaleen sí está dispuesta. Los pasos que da en el camino hacia su emancipación son voluntarios, parten de elecciones personales. Deliberadamente, ella se demora en el camino a casa de su abuela por el bosque; quiere asegurarse de que el cazador llega antes que ella para poder darle su trofeo, el beso. Cuando llega y ve al lobo-cazador en la cama, detecta peligro. Aun así, se deshace de sus ropas para compartir cama con él. Y cuando oye el fatídico “Para comerte mejor”, se ríe. Ella sabe que no es la comida de nadie.

¿Es En Compañía de Lobos una película sobre hombres lobo? No lo creo. No deberíamos ver al hombre lobo aquí como un elemento de terror. El lobo es el hombre, como género. Es el “peligro” secular para la mujer desde el mismo momento en el que ella entra en la madurez sexual. La segunda matriuska. La abuela nos cuenta la historia de la chica embarazada abandonada por su amante. La naturaleza dual del macho de la especie humana, como bestia instintiva y como ser pasado por la pátina de la socialización, está representada aquí. Los lobos son muy capaces de actuar con gentileza; el cortejo del cazador a Rosaleen en el bosque es el un cortejo rústico muy social. “¿Qué me darás si llego a casa de tu abuela antes que tú?” Rosaleen besa al niño, aceptando al lobo potencial; pero los niños de la aldea son “clowns”, “payasos”, aún no han desarrollado del todo su parte de lobo. La abuela le dice a Rosaleen que huya si ve un hombre desnudo, pues los hombres suelen estar desnudos antes de transformarse en lobos. Según eso, ¿qué instinto, más que el sexual, puede ser el que despierte al lobo que hay en el hombre?



En la tradición, los hombres lobos son normalmente eso, hombres. Pero aquí vemos lobos de los dos géneros. Al final, cuando Rosaleen decide unirse al lobo, ella misma se transforma. Quizá la dualidad no es cosa de los hombres exclusivamente. Quizá la mujer lleve su bestia, el puro instinto, dentro también. Puede que no sean seres tan distintos... La madre de Rosaleen es clara: “Si hay una bestia dentro del hombre, ésta encuentra su compañera en la mujer”