Crítica de "Supergirl", una película que cumple pero que se queda a mitad de camino
La nueva entrega del renovado Universo DC ya está en los cines españoles
Supergirl , ya presentada en el epílogo de Superman (James Gunn, 2025) el verano pasado, tiene por fin su propia peli en solitario, primera desde 1984 (de la mano de Jeannot Szwarc bajo la producción de los Salkind), y como nueva entrega del nuevo universo DC. Dirige Craig Gillespie, director de Cruella y cineasta con un bagaje que siempre ha sabido equilibrar personalidad visual y narración clásica, lo que hace presumir que la peli, como mínimo, promete.
Milly Alcock nos entrega una Supergirl muy robusta, con carácter y carisma, que sostiene con solvencia un personaje mucho más complejo de lo que acostumbra el género, y la visión tradicional del personaje en la Silver Age, con lo que en este caso contrasta mucho con el Superman de David Corenswet, que sí sigue esa estela ingenua de los cómics clásicos de los años 50 y 60. Eso, unido al hecho de que la Supergirl live action más célebre de este siglo, interpretada por Melissa Benoist, hace que esta encarnación de Supergirl pueda ser mucho más singular, sin alejarse de su versión comoquiera, que la retrata recientemente como esa figura díscola y cañera que la Supergirl de Milly nos ofrece.
También resulta muy valioso el planteamiento de su origen, muy similar a su origen inicial de los 50s, criada entre los restos supervivientes de Krypton, una idea que aporta un poso dramático muy interesante y diferencia claramente a Kara de Superman. En esa misma línea funciona especialmente bien la figura de Zor-El, magníficamente interpretado por David Krumholtz, un actor al que llevamos viendo crecer en pantalla desde "La familia Addams 2", pasando por Numb3rs, hasta Oppenheimer. Su personaje parece diseñado específicamente para contrastar con el Jor-el que interpretó Bradley Cooper en Superman el año pasado, y es, en opinión del que escribe, uno de los puntos mitológicos más interesantes de la peli.
Sin embargo, la película acaba siendo bastante más plana de lo que prometía. Aunque su empaquetado visual resulta sugerente y está muy bien llevado, la ejecución de la historia ofrece poco misterio y escasas sorpresas convirtiendo la cinta en una aventura cósmica algo más genérica de lo que personajes, actores, y espectadores merecen. Incluso Jason Momoa, que compone un excelente Lobo y parece haber encontrado un personaje hecho a su medida, termina lastrado por un tratamiento demasiado superficial. Paradójicamente, su Aquaman continúa brillando más que este Lobo, pese
a que el mercenario czarniano encajaba mejor con sus cualidades físicas, interpretativas, y de personalidad.
En conjunto, Supergirl funciona como introducción al personaje y lo hace con dignidad, pero difícilmente deleitará a quien busque una historia realmente sabrosa. Se queda más cerca de un largo capítulo de presentación de un secundario que de una experiencia cinematográfica plenamente satisfactoria. Y quizá ese sea su mayor problema: el género de superhéroes ya ha alcanzado varios de sus grandes clímax, y el público afronta esta nueva etapa con una exigencia mucho mayor y bastante menos apetito por productos simplemente correctos. La película cumple, más o menos, pero hoy cumplir, al menos en esos mínimos, ya no basta.
Por Francis Díaz.
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Milly Alcock nos entrega una Supergirl muy robusta, con carácter y carisma, que sostiene con solvencia un personaje mucho más complejo de lo que acostumbra el género, y la visión tradicional del personaje en la Silver Age, con lo que en este caso contrasta mucho con el Superman de David Corenswet, que sí sigue esa estela ingenua de los cómics clásicos de los años 50 y 60. Eso, unido al hecho de que la Supergirl live action más célebre de este siglo, interpretada por Melissa Benoist, hace que esta encarnación de Supergirl pueda ser mucho más singular, sin alejarse de su versión comoquiera, que la retrata recientemente como esa figura díscola y cañera que la Supergirl de Milly nos ofrece.
También resulta muy valioso el planteamiento de su origen, muy similar a su origen inicial de los 50s, criada entre los restos supervivientes de Krypton, una idea que aporta un poso dramático muy interesante y diferencia claramente a Kara de Superman. En esa misma línea funciona especialmente bien la figura de Zor-El, magníficamente interpretado por David Krumholtz, un actor al que llevamos viendo crecer en pantalla desde "La familia Addams 2", pasando por Numb3rs, hasta Oppenheimer. Su personaje parece diseñado específicamente para contrastar con el Jor-el que interpretó Bradley Cooper en Superman el año pasado, y es, en opinión del que escribe, uno de los puntos mitológicos más interesantes de la peli.
Sin embargo, la película acaba siendo bastante más plana de lo que prometía. Aunque su empaquetado visual resulta sugerente y está muy bien llevado, la ejecución de la historia ofrece poco misterio y escasas sorpresas convirtiendo la cinta en una aventura cósmica algo más genérica de lo que personajes, actores, y espectadores merecen. Incluso Jason Momoa, que compone un excelente Lobo y parece haber encontrado un personaje hecho a su medida, termina lastrado por un tratamiento demasiado superficial. Paradójicamente, su Aquaman continúa brillando más que este Lobo, pese
a que el mercenario czarniano encajaba mejor con sus cualidades físicas, interpretativas, y de personalidad.
En conjunto, Supergirl funciona como introducción al personaje y lo hace con dignidad, pero difícilmente deleitará a quien busque una historia realmente sabrosa. Se queda más cerca de un largo capítulo de presentación de un secundario que de una experiencia cinematográfica plenamente satisfactoria. Y quizá ese sea su mayor problema: el género de superhéroes ya ha alcanzado varios de sus grandes clímax, y el público afronta esta nueva etapa con una exigencia mucho mayor y bastante menos apetito por productos simplemente correctos. La película cumple, más o menos, pero hoy cumplir, al menos en esos mínimos, ya no basta.
Por Francis Díaz.