Puestos a fabular... Érase una vez un jovencito llamado Marco Kreuzpaintner que leyó la novela infantil Krabat y el molino del diablo en su casa de Rosenheim, el mismo pueblo idílico donde vivió el autor, Otfried Preussler.

>Pasaron los años y el pequeño lector se convirtió en un director de cine que, cuando tuvo la oportunidad, adaptó (como lo había hecho anteriormente el genio de la animación Karel Zeman) aquel libro de infancia. Para ello contó con algunos de las grandes promesas del nuevo cine alemán (Daniel Bruhl a la cabeza) y con una técnica de ensueño.

No hace falta inventar más... Krabat es pura magia.

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