CRÍTICA DE FIRST LOVE

Por Manuel Mañero
 
Lo mejor de la filmografía de Takashi Miike es que no engaña, y este es probablemente también su mayor y antológica adversativa. Hijo de Cannes, fetiche festivalero, celebrado por innumerables y frívolas razones, el prolífico creador asiático da un paso a un costado con ‘First Love’, donde hay quien le ha otorgado cierto brío de antaño que según sus fieles había perdido en los últimos trabajos. Pero lo cierto es que esta película sólo puede medirse, en primer lugar, a muchas de las suyas anteriores, lo que significa que si ha recobrado el pulso para el fan es exclusivamente porque ha vuelto a hacer lo de siempre. A saber: mafia, humor negro, violencia medida, ironía de autor y una atroz linealidad sin sorpresas, pero escrita y filmada con buen gusto, lo que siempre e inevitablemente consigue que su aparente normalidad acabe ofreciendo resultados altamente satisfactorios.

‘First Love’, además de lo propio, explota una condición del cine de autor moderno como es la decadencia de sus protagonistas, viajeros de vidas miserables que se ven alteradas por conflictos indeseados y fuego cruzado accidental. La forma en que Takashi Miike va resolviendo los devaneos de sus intrahistorias muestra más músculo de director que el resultado global, subrayando esa idea de su macrouniverso de enfatizar en las subtramas. Ahí, en mitad de un thriller negro, Miike tensa el equilibrio entre terror -con apariciones fantasmales de antiguos traumas que incluso son ridiculizados-, drama -agravando la orfandad y la soledad, puntos de costumbre, con la tragedia de la enfermedad- y comedia, recreándose para ello en escenas de un absurdo casi monumental cuya cúspide es una huida hacia el abismo dibujada literalmente en un anime previo a la escena cumbre del último tramo.

En alma, ‘First Love’ se da la mano con algunas películas contemporáneas como ‘Idol’, de Lee Su-Jin (en el pasado Sitges) o ‘A better tomorrow’, de Ding Sheng, esta sensiblemente más bella y también más densa. Sin embargo, la tensión de su especialísima violencia -sello de Miike- la emparenta con ‘The night comes for us’, de Timo Tjahjanto, que es todo lo salvaje en lo formal que ‘First Love’ amaga con ser sin llegar a saciar nunca esa repentina sed de sangre en el espectador. Lo mejor de esta cinta, estrenada ya hace un año en Cannes y vista un par de veces en festivales de nuestro país, es sin duda que no desperdicia oportunidades de recuperar al Miike de la gente, más terrenal, sin trampas ni concesiones. No se desdice y redondea la excursión con imaginería teatral de mano reconocible. Sin embargo, es esa liviana sensación de hartazgo la que no acaba de encajar ‘First Love’ entre los trabajos que sus incondicionales se llevarán a otra vida. Tampoco se puede, supongo, trascender en cada cosa que se hace.

LO MEJOR: Reaparece el Takashi Miike a quien la estructura de sus películas y su prisma elevó a los altares del cine japonés de transición del siglo que cabalgamos.

LO PEOR: Aparte de lo obvio -que hace otra vez la misma película-, desdibuja la idea central desenrollando subtramas de resolución insuficiente para el fin común.


 
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