CRÍTICA DE BYZANTIUM

Por Rubén Pajarón
 
Han pasado más de diez años desde “In Dreams”, aquel notable thriller psicológico de regusto onírico con el que Neil Jordan, aparentemente, se despedía del cine de terror. Su larga ausencia se hizo notoria, más aun habiendo sido testigos del declive del género vampírico, diezmado por una cepa descontrolada de hormonas prepubescentes. “Byzantium” supone el regreso de Neil Jordan al cine de terror, y en paralelo, el de la dignidad al género de Vampiros, aunque con lo rápido que ha avanzado la metástasis del cáncer inducido por Stephanie Myers, es muy probable que esta suerte de redención termine relegada a un mero espejismo para ponernos los dientes largos.

“Byzantium” es la historia de dos mujeres, Clara y Eleanor, unidas en la eternidad por un vínculo de sangre más poderoso que el simple parentesco. Ambas son vampiras, conocen el precio de la maldición, sus virtudes, sus peligros y sus reglas. Para Clara es un don, ha aprendido a sobrevivir con ello y sacarle provecho, pero para Eleanor, una adolescente con 16 años para siempre, vivir una mentira en secreto supone una pesada carga que necesita compartir con más personas, aunque eso implique romper una de las reglas capitales.

Neil Jordan consigue que los vampiros de “Byzantium” brillen con luz propia, sin purpurina, haciendo acopio de la destreza que demostró en su día con “Entrevista con el Vampiro”, hasta el punto de evocar un spinoff espiritual, estética y narrativamente más afín a las “Crónicas vampíricas” de Anne Rice que la desafortunada “Reina de los Condenados” de Michael Rymer.

El guión, férreamente inspirado en la obra de Rice, está escrito y adaptado por la dramaturga Moira Buffini a partir de una de sus propias obras teatrales. La construcción de la trama principal en el presente se apoya en una deconstrucción de la misma en paralelo, mediante dosificados flashbacks del pasado; dichos segmentos, correspondientes al siglo XIX, en un estilo libre indirecto, lejos de entorpecer el ritmo de la película, lo enriquecen con un juego de contrastes que redimensiona no sólo el contenido argumental, sino también el visual, atesorando de hecho, gracias a la experiencia de Jordan recreando atmósferas barrocas, lúgubres y surreales, varias de las mejores escenas.

Sin desmerecer la forma y el fondo de la historia, con su exótica e inexplorada concepción del vampirismo, es justo reconocer gran parte del encanto de “Byzantium” al trío protagónico: Clara, Eleanor y Frank, tres personajes impecablemente construidos, interpretados y dirigidos, con una personalidad fuerte y bien definida, que guardan paralelismos, quien sabe si consciente o inconscientemente, con los protagonistas de “Entrevista con el Vampiro”. Clara (Gemma Arterton) hace las veces de Lestat (Tom Cruise), el vampiro caprichoso, lujurioso e inmoral; la pequeña Eleanor (Saoirse Ronan) absorbe la personalidad atormentada de Louis (Brad Pitt), ambos vástagos renegados de su condición demoniaca, mientras el uno se alimentaba de sangre de ratas, la otra ejerce un rol de “ángel salvador” bebiéndosela a ancianos terminales; también tenemos a Darvell (Sam Riley), el vampiro prudente y sobrio que finalmente apela a sus sentimientos para sublevarse contra sus aliados inquisidores, como Armand (Antonio Banderas); y como no, el humano que obtiene la confesión prohibida del vampiro, con Caleb Landry Jones interpretando al enfermizo y paliducho Frank (papel que borda, como ya demostró en “Antiviral”), como relevo del Daniel de Christian Slater.

Grandes actores arropados por un equipo técnico a medida donde sobresale la dirección de arte, la fotografía y las piezas clásicas del compositor español Javier Navarrete, coartífices de un lienzo rico en matices y detalles que Jordan rellena con imágenes memorables, lirismo y metáforas visuales, análogas a las de su twisted tale de Caperucita “En Compañía de Lobos”, incluso en su mensaje feminista.

Salvando su abrupto final forzado, “Byzantium” es una joya moderna del cine de vampiros altamente recomendable.
 
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