CRÍTICA DE VAMPYRES

Por Carlos Marín
 
El terror a la Hammer con grandes tintes eróticos de la época Profilmes se da a entrever en el remake de aquella Las Hijas de Drácula, en una adaptación a los estándares actuales que, si bien mantiene parte de las características del fantaterror hispano, decepciona por quedarse con la gran mayoría de defectos y no arrastrar ninguno de sus aciertos - lease la atmósfera gótica de la que hacían gala o el tremendo carisma de algunos de sus protagonistas.

Es Vampyres un paseo por un bosque profundo poblado de personajes que pasean a tenor de las intenciones de su historia, para arrastrar con letargo las escenas que encajan la película. De en ocasiones imágenes potentes y bellas, la desincronización que tiene con secuencias y planos faltos de estética o visión aumenta la sensación de incertidumbre.

Se potencia el desinterés de sus personajes protagonistas, que sin dibujo alguno o característica aparente rellenan las escenas erótico-terroríficas que componen el principal esqueleto de la película. Su trama, que más se intuye por ralentí, no aporta rumbo alguno.

Los actores se pierden entre textos que no digieren bien, en ocasiones perdidos en mitad del espacio fílmico sin saber muy bien las intenciones de la escena. El film de Matellano sabe sacar pecho cuando antepone sus secuencias oníricas y sexuales, pero que acaban de irse de madre por no saber cortar a tiempo y rebozarse en minutos que hubieran encajado como un guante consumidos con moderación.

Es una película que aburre por estar flotando en el aire, que deja poco calado y que adolece de demasiados, demasiados defectos. El anti-ritmo al que se ve sometida afecta a todas las sensaciones que provoca, a ese aire romántico que es incapaz de alcanzar y del que su repetición de temas hace gala. A la tercera iteración de las Vampiras-Brujas enrollándose entre toneladas de sangre el cerebro se apaga y apura los minutos que -espera- le queden hasta el final.

Difícil, muy difícil de digerir, al plato que propone Vampyres le sobra picante y le falta sal, dejando un mal sabor de boca por el que es complicado apostar. Queda entonces preguntarse si todos los problemas vienen de una producción atropellada o de un guión que nunca tuvo poso ni sentido, que simplemente fue un conductor para arrastrarnos por los bosques donde la Gente en Sitios se pasea hasta que la muerte viene a buscarlos. Con eróticos resultados.

Lo mejor: La belleza y potencia de alguna de sus secuencias.

Lo peor: Ni los personajes, ni la trama que se ausenta la ayudan a salir del pozo.
 
CRÍTICAS RECIENTES