CRÍTICA DE ELECTION: LA NOCHE DE LAS BESTIAS

Por Manuel Mañero
 
Tan evidente era que la premisa de The Purge iba a abonar terreno de secuelas como que a sus ideólogos se iban a tener que estrujar el cerebro para mantener su originalidad. Pese a que en esta tercera entrega DeMonaco da cuerda a otra distopía sanguinaria en serie, el timing no podía ser más perfecto esta vez: año electoral en Estados Unidos en la vida real y también en este país atenazado –y salvado según otros- por la purga anual.

Una vez se había llevado al terreno político el argumento con sus poderosas componendas de manual –avalancha de extranjeros, lucha indiscriminada de clases, progreso mal vestido-, quedaba sostener el conjunto con una enseñanza no tan ingenua como la que resulta, y sobre todo, algo más vívida: no en vano, Election no repite durante el resto del metraje el cénit que ata al espectador durante sus diez primeros minutos, que llegan a engañar por completo al que se ha sentado esperando naderías.

Comentaba el acierto pleno de ambientar esta tercera entrega en un país alborotado ante el cambio porque es inevitable tirar líneas entre la realidad y la ficción, este ejercicio que nos gusta hacer a los déspotas de lo verosímil. Llama poderosamente la atención que el lema de los nuevos padres fundadores de Estados Unidos en la ficción, “Mantén América grande”, casi se abrace (está ambientada en 2040) con el de Donald Trump, candidato republicano a la presidencia al otro lado de la pantalla (“Haz América grande de nuevo”). Y las coincidencias no terminan ni mucho menos ahí, pero es más excitante paladearlas con cuidado y sin prejuicios ni spoilers inmerecidos. El último tramo, por ejemplo, es pura iconografía. Pasaría por culto puro de no ser porque tal vez peca de predecible. Quizá la película se detiene demasiado en estos detalles y al final arrincona el verdadero gancho que mostraban los teasers: la internacionalidad y el atractivo turístico para el resto del mundo de las doce horas de crimen desmelenado y legal en el país que marca el paso.

Frank Grillo, destacado en la segunda película tiene un papel más fácil y sin aristas en esta que vive del recuerdo mientras mantiene a salvo a toda costa a alternativa al poder –¿otro guiño?-, al personaje protagonizado por Elizabeth Mitchel. Sí es destacable el frente de secundarios y sobre todo los ímprobos esfuerzos del equipo en seguir aportando folclore de purga a la saga: máscaras, estridencias, colores y herramientas ensangrentadas son atrezzo puro, porque la película provoca más tensión que terror aunque sus muy evidentes escarceos morales pueden hacer las delicias de los sádicos entre líneas.

Lo mejor: el relato estadounidense situado en un futuro que parece cercano; la iconografía, todos los palos sensibles y que quizá sea la más inteligente de las tres películas

Lo peor: es predecible y se obceca en el mensaje.
 
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