Sherlock Holmes: un icono cultural


Introducción


Sherlock Holmes, el gran detective que creó Arthur Conan Doyle, es un auténtico icono cultural, ostentando el récord guiness como el personaje de ficción más veces adaptado al cine. Inteligente y carismático, es uno de los mejores héroes de ficción jamás creados, que año tras año ha supuesto un reto a algunos de los mejores actores de la historia del cine, que se han atrevido a ponerse en la piel de tan interesante personaje. Desde “Sherlock Holmes baffled” (1900) hasta “Sherlock Holmes: Juego de sombras” (2011), el séptimo arte ha retratado una y otra vez al detective de Baker Street: Basil Rathbone, Peter Cushing, Christopher Lee, Jeremy Brett, Robert Downey Jr…

En novela, cine, televisión, teatro y videojuegos Sherlock Holmes lleva décadas reinando. Cada generación ha tenido a su Sherlock Holmes, y todo parece indicar que las generaciones venideras seguirán teniéndolo.

Sherlock es, además, uno de los personajes más abordados en relatos “no canónicos”, más allá de los 56 relatos cortos y las 4 novelas que Arthur Conan Doyle escribió sobre el personaje, ya sea en continuaciones literarias como en otros medios (comic, videojuego, animación). Autores de la talla de Stephen King, Clive Barker o Neil Gaiman no han podido resistirse a hacer su aportación al personaje, del mismo modo que por ejemplo, Julio Verne no pudo evitar hacer una secuela de la inmortal novela de Poe, “La narración de Arthur Gordon Pym”.





En los relatos, Sherlock es así descrito:

"Su estatura sobrepasaba los seis pies (1,8m. aprox), y era tan extraordinariamente enjuto, que producía la impresión de ser aún más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante, [...] y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y de resolución […] Es frío, irónico, ingenioso e intelectualmente inquieto. No es muy ordenado en la rutina cotidiana, es muy habilidoso disfrazándose, fuma en pipa, toca el violín, es un experto apicultor, excelente boxeador, tiene un gran conocimiento científico, en especial en química, y, cuando se aburre por falta de los retos intelectuales que suponen sus casos, consume cocaína y morfina"

Sherlock Holmes funciona bien, como personaje, en muchos niveles diferentes. Por un lado, es un héroe carismático, de fuertes convicciones morales, y bastante patriótico. Por otro lado, tiene un punto de excentricidad, e incluso de ambigüedad moral, hasta el punto de que a veces puede resultar frío y emocionalmente distante, lo cual le convierte en un personaje complejo e interesante. Es tanto hombre de acción como (preferentemente) hábil pensador. Y su equipo con el Doctor Watson, veterano de la guerra de Afganistán, otorga a los relatos una fina capa de humor británico.

Pero, si Sherlock Holmes es grande, no debe olvidarse a Moriarty, su archienemigo, con el que lleva midiendo fuerzas en el cine desde principios del siglo XX hasta su más reciente película. Este profesor de matemáticas es conocido como el Napoleón del crimen. Elabora sus actos criminales con precisión científica, y tiene un intelecto prodigioso, comparable al de Holmes. Es descrito como un genio del mal, a tal nivel que pese a pertenecer a la novela victoriana, encaja como un guante con el moderno concepto de supervillano, al igual que otros personajes de su época o adyacentes, adelantados a su tiempo, como el Doctor Fu-Manchú, Fantomas, el Doctor Mabuse, o el mismísimo Conde Drácula.

En los relatos originales de Arthur Conan Doyle, la presencia de Moriarty se siente, pero ni en “El problema final” ni en “El valle del terror” llega a encontrarse con Watson, el narrador, ni a hablar con él, con lo que nunca tenemos impresión directa del profesor. Pero el cine no podía perder la ocasión de mostrar encuentros directos entre tan singular villano y Holmes. Ya en el cine mudo se le representa, con unos rasgos exagerados y marcadas ojeras, en el “Sherlock Holmes” protagonizado por John Barrymore (1922). En dicha versión, adaptación de la obra de teatro más célebre sobre el personaje (que sigue representándose), Moriarty tiene su guarida en el subsuelo de Londres, y desde allí dirige toda la actividad criminal de la ciudad, como una araña en el centro de su tela. Aunque es un maestro del disfraz, como Fantomas, ni por asomo tiene tanto lucimiento como tal personaje en la magistral saga que protagonizó en el cine francés, empezando en 1913, sino que desde un principio Moriarty es opacado por Holmes y apenas tiene escenas de lucimiento. Al final, es atrapado ignomiosamente, aunque sobrevive. A título de curiosidad, en la versión de 1922, es personaje comparte rasgos con Fagin, el villano de “Oliver Twist” (magistralmente interpretado por Lon Chaney en la misma década, y por Ben Kingsley mucho más recientemente, a las órdenes del gran Polanski).

No fue hasta la saga de Basil Rathbone y Nigel Bruce, que Moriarty adquirió sus rasgos definitivos en el cine. Interpretado grandiosamente por actores curtidos en el género de terror, en papeles de Mad Doctors, como Lionel Atwill o George Zucco, es descrito como un personaje muy maquiavélico, con un toque de sadismo, que no vive en el subsuelo, sino que públicamente se exhibe, sin que existan pruebas contra él que permitan incriminarlo, pese a ser la cabeza de la actividad criminal de Londres. Este Moriarty tiene una marcada afición por lo siniestro y comparte algunos duelos dialécticos muy destacables con Holmes, en su eterno juego del gato y el ratón y fijó el camino a seguir por los siguientes, hasta el más reciente Moriarty del cine. Y Moriarty es “solo” el mayor de los muchos personajes que componen la extensa galería de villanos de Holmes. Una galería que las adaptaciones “no canónicas” han ampliado incluso más.





En los videojuegos, Holmes se ha enfrentado con adversarios de la talla Jack el destripador o Arsenio Lupin e incluso se ha adentrado en los enigmas de Cthulhu (igual que en ciertos relatos). En el comic, ha luchado con una infestación de zombis o con el mismísimo Conde Drácula. También hay una abundantísimo colección de relatos escritos por los aficionados, lo que se denomina “fan fiction” (incluso el autor de este artículo en su día escribió uno, en el que enfrentaba al detective de Baker Street con la mayor creación de Gastón Leroux, el Fantasma de la ópera). Todos estos relatos, videojuegos, tebeos y dibujos animados, por supuesto, quedan fuera del canon, al igual que las películas, puesto que el canon solo lo componen los relatos escritos por Arthur Conan Doyle, pero nos hace tener una idea de la inmensidad del legado de Sherlock Holmes, el mayor detective de todos los tiempos, y uno de los personajes de ficción más importantes de nuestra cultura.


El artículo sobre Holmes que sigue a continuación, se estructurará en dos partes. En la primera, analizaremos las etapas de la saga cinematográfica de Sherlock Holmes. En la segunda parte, veremos la influencia de Sherlock Holmes en el último siglo de historia cultural.

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