CRÍTICA DE EL INFIERNO VERDE

Por Carlos Marín
 
Valorar una cinta tan extremadamente cachonda y gamberra como The Green Inferno fuera de la órbita Eli Roth + filmografía sería hacerle un flaco favor a vuestro juicio. La fórmula es sencilla: ¿te gustaron Cabin Fever y Hostel? Enhorabuena, estás realmente cerca de que los caníbales de Roth te conquisten el corazón. Porque el no-tan-muchacho repite esquemas, formas y, sobretodo y gracias a Dios, la mala ostia natural en su cine. Un cine que no es grande, no es mítico pero que sabe a conciencia que esta película va dirigida a ti, querida audiencia, que ardes en deseo de ver como sufren estos hipsters activistas hasta el final.

Si saltamos los fáciles referentes a los que él mismo planta en los créditos - le dedica la película a Ruggero Deodato - nos queda un producto que tarda, tarda de narices en arrancar, pero que al llegar a materia se pone el mundo por montera y toca hueso. Joder que si toca. Y que se entienda bien: NO es la película más salvaje jamás hecha, NO es una película enormemente desagradable, pero SÍ es una película difícil de ver con tu madre. Ah, y gratuita. Tremendamente, nivel diarrea porque sí. Pero vale para sacar la carcajada, la arcada o el aplauso. Vale mucho, porque contacta con el público. Y que gustazo.

Gustazo ver a un equipo tan y tan dedicado a satisfacer al chaval que está al otro lado. A impresionarlo, a removerlo por dentro y a poder darle minutos y minutos de conversaciones con amigos sobre, no sé, lo de los MALDITOS OJOS. Más que para provocar (sí, claro) lo hace para divertir, por muy mal que suene esto. Divertir, pasarlo "mal" para pasarlo bien, aunque comparta más puntos con el espectáculo sangriento festivo que con el malroller de, por ejemplo, Hostel. Aún así está pensada, fabricada y envuelta para que nos la comamos a gusto. Sea como sea que se haga eso.

Por suerte también esquiva con bastante gracia el concepto "somos una co-producción". Reparto internacional, pero bien insertado, con sentido dentro de lo que está contando. No es que estén estupendos, pero es una, maldita, película, de terror. La protagonista es capaz de llevar el paso del arco argumental, es preciosa y queremos que sobreviva al infierno. Suficiente. Es como las leves capas de mensaje y cambios en los personajes que incluye en el guión; no nos engañemos, Roth no es un guionista de la talla de alguno de sus colegas, pero como mínimo sabe aguantar personalidades que hagan de base en el libreto.

La carne en el asador la ponen los de siempre: Nicottero y Berguer, maestros del FX, que se encargan de revolver estómagos - literalmente - con las muertes más brutas que este señor ha dirigido jamás. Lo dicho, no es la película definitiva en cuanto a brutalidad, pero comparado con Hostel aquella era un PG-10. Acompáñalo con algunos de los momentos más delirantes de los últimos años - en serio, lo de la marihuana es locura máxima - y ya tienes la receta perfecta para una cena con la familia.

No sé si The Green Inferno tiene madera de película comercial o vivirá en un reducto reservado a los festivales especializados. Difícil saberlo, pensando en cada estreno de su director y de como a veces cambia incluso el paradigma del terror durante un tiempo. ¿Afectarán estos caníbales a otros que vengan por el camino? Ni idea. Quizás vuelve la mala leche y la casquería a la pantalla, pero eso es algo que solo el tiempo se lo dirá a, de verdad, una de las gamberradas más divertidas que uno se pueda echar a la cara. Yo, como mínimo, quiero volver.

Lo mejor: lo gamberra, cafre y gratuita que es. Puro entretenimiento juvenil.

Lo peor: sus problemas para arrancar.
 
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