"Booger": Crítica de la película que ha llegado hoy a Filmin
La cinta dirigida por Mary Dauterman a cargo de los productores de "Todo a la vez en todas partes"
Ha llegado a Filmin Booger, la cinta en la que Mary Dauterman da el salto a la dirección para realizar esta tragicomedia de tintes grotescos que, con un tono irreverente y una puesta en escena minimalista, ofrece un relato profundamente humano envuelto en una estética que juega entre lo absurdo y lo visceral.
La cinta cuenta la historia de Anna una joven que intenta recomponer su vida tras la muerte de su mejor amiga Izzy, con la que comparte una conexión tan cósmica como claustrofóbica. Además un gato -que da nombre a la película- desencadena situaciones en la que la joven, cada vez más atrapada por los recuerdos de Izzy, comienza a experimentar una serie de manifestaciones físicas inusuales que bordean lo repulsivo y lo simbólico. El cuerpo se convierte aquí en una extensión del duelo, un lienzo en descomposición que grita por liberarse de la pérdida.
Dauterman combina humor negro con imágenes deliberadamente incómodas. Sin embargo, su apuesta por lo grotesco y lo surrealista la acerca al cine de Yorgos Lanthimos con una sensibilidad que explora lo desagradable como metáfora de las emociones que no pueden palparse.
El gran acierto de Booger radica en cómo Anna lidia con su creciente aislamiento: su círculo de amistades se reduce, sus hábitos se desmoronan, y la presencia espectral de Izzy –física y emocional– se cierne sobre cada decisión. Glowicki entrega una interpretación magnética que capta tanto la vulnerabilidad como el absurdo de la situación, mientras el guion logra equilibrar con habilidad lo humorístico y lo trágico, sin sacrificar la autenticidad de su mensaje.
No obstante, Booger no escapa del riesgo de sentirse episódica: ciertos segmentos parecen diseñados más para impactar que para avanzar la narrativa, y la naturaleza grotesca del relato puede alienar a un público menos dispuesto a sumergirse en su extrañeza. Aun así, funciona a la hora de encontrar belleza en lo escatológico, construyendo un retrato del duelo que, aunque incómodo, es universalmente identificable.
LO MEJOR: Grace Glowicki, absolutamente hipnótica, y la capacidad de Dauterman para hilar humor, horror y vulnerabilidad en un relato tan inusual como conmovedor.
LO PEOR: Su estilo divisivo puede ser demasiado incómodo para algunos, y la narrativa pierde fuerza en ciertos tramos al priorizar el impacto visual sobre el desarrollo temático.
Por Sr. Voorhees
La cinta cuenta la historia de Anna una joven que intenta recomponer su vida tras la muerte de su mejor amiga Izzy, con la que comparte una conexión tan cósmica como claustrofóbica. Además un gato -que da nombre a la película- desencadena situaciones en la que la joven, cada vez más atrapada por los recuerdos de Izzy, comienza a experimentar una serie de manifestaciones físicas inusuales que bordean lo repulsivo y lo simbólico. El cuerpo se convierte aquí en una extensión del duelo, un lienzo en descomposición que grita por liberarse de la pérdida.
Dauterman combina humor negro con imágenes deliberadamente incómodas. Sin embargo, su apuesta por lo grotesco y lo surrealista la acerca al cine de Yorgos Lanthimos con una sensibilidad que explora lo desagradable como metáfora de las emociones que no pueden palparse.
El gran acierto de Booger radica en cómo Anna lidia con su creciente aislamiento: su círculo de amistades se reduce, sus hábitos se desmoronan, y la presencia espectral de Izzy –física y emocional– se cierne sobre cada decisión. Glowicki entrega una interpretación magnética que capta tanto la vulnerabilidad como el absurdo de la situación, mientras el guion logra equilibrar con habilidad lo humorístico y lo trágico, sin sacrificar la autenticidad de su mensaje.
No obstante, Booger no escapa del riesgo de sentirse episódica: ciertos segmentos parecen diseñados más para impactar que para avanzar la narrativa, y la naturaleza grotesca del relato puede alienar a un público menos dispuesto a sumergirse en su extrañeza. Aun así, funciona a la hora de encontrar belleza en lo escatológico, construyendo un retrato del duelo que, aunque incómodo, es universalmente identificable.
LO MEJOR: Grace Glowicki, absolutamente hipnótica, y la capacidad de Dauterman para hilar humor, horror y vulnerabilidad en un relato tan inusual como conmovedor.
LO PEOR: Su estilo divisivo puede ser demasiado incómodo para algunos, y la narrativa pierde fuerza en ciertos tramos al priorizar el impacto visual sobre el desarrollo temático.
Por Sr. Voorhees
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