CRÍTICA DE DREDD 3D

Por Adrián Álvarez
 
La versión del Juez Dredd de Stallone, de producción voluntariosa e imaginativa, era como un niño fascinado por el personaje: saltaba de una historia icónica a otra e intentaba juntar los pedazos con épica y película de colegas a partes iguales. Olvidaba lo esencial: el necesario distanciamiento y la ironía asociados al personaje y a sus aventuras, representados en un Dredd que nunca descubre su rostro.

Por eso Alex Garland, guionista e impulsor, une devoción con mercadotecnia y plantea este “Dredd” como una historia mucho más sencilla y cercana a las historias cortas donde naciera el personaje, pero también como la primera piedra de una trilogía más ambiciosa. Sólo quedaba que a Pete Travis (“En el punto de mira”, 2008), no se le atragantaran las escenas de acción.

Y es que, como se deduce de su sinopsis, “Dredd” es deudora de la clásica estructura de sitio cerrado y uno contra todos. Para diferenciarse de un mero exploit futurista y punki de “Redada sangrienta”, director y guionista se sirven de una droga que altera la percepción del tiempo y que nos trae el mejor uso de la cámara lenta para una película de acción desde “Wanted”.

El resultado final es una película vigorosa y que cumple como presentación: Karl Urban es el Juez Dredd que todos los fans soñaron, con una fuerte presencia y capaz de someter su ego al personaje, mientras que Lena Headey disfruta interpretando a su némesis, la temible y carismática Ma-Ma. Sin embargo es la Juez Anderson (Olivia Thirlby), quien roba la función de vez en cuando gracias a la inocencia y, paradojas de la vida, a que no lleva casco.

Lo mejor: un planteamiento sencillo y atractivo y un guión que al fin entiende a Joe Dredd. El personaje de Anderson. El diseño de producción. La cámara lenta.

Lo peor: Travis casi lo consigue, pero no termina de redondear unos tiroteos demasiado influenciados por la estética videoclipera. Carencia de one-liners.
 
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