CINE · AULLIDOS
Crítica de La Mujer Avispa (1960)
The Wasp Woman
Crítica de La Mujer Avispa
Si de algo podía jactarse el director y productor Roger Corman era de hacer películas con un presupuesto irrisorio y en unos pocos días. 'La mujer avispa' no es una excepción, ya que según el propio director fue rodada en unos 'cinco o seis días por 50.000$'. Alejada de las mejores películas de Corman centradas en relatos de Edgar Allan Poe, 'La mujer avispa' no deja de resultar una divertida serie-B centrada en una historia de científicos locos y mujeres desesperadas.
Esta película de mutaciones imposibles nos llega a día de hoy con toda su frescura entrañable, con un argumento completamente alucinado en el que se mezcla la ciencia ficción más surrealista con el terror más delirante. Buena culpa de ello lo tienen los paupérrimos afectos especiales, con la transformación final de la mujer en avispa como pobre y risible bandera (aunque el supuestamente espectacular rejuvenecimiento de cobayas en lo que finalmente son ratones de laboratorio también tiene su miga).
El guión gira en torno a la dueña de una firma de cosméticos en horas bajas que pronto se volverá adicta a un particular elixir de la eterna juventud. Como suele suceder en este tipo de films, el mensaje lanzado al espectador resulta claro: no se debe ir en contra de la naturaleza de las cosas, cualquier tipo de alteración de ese orden natural acarrea consecuencias funestas para los implicados. Cientos de películas nos lo vienen avisando desde hace tiempo, aunque las intenciones de los científicos ni siquiera sean malas. Es el caso de, por ejemplo, 'La mosca' (1958), película con la que esta 'Mujer avispa' guarda más que evidentes similitudes.
La película rompe unos cuantos estereotipos del género: el científico loco (con su extravagante relación zoofílica-amistosa con abejas y avispas) no es ni un malvado doctor ni un bondadoso hombre de ciencia, sino que la fama y la fortuna son sus verdaderas motivaciones; el héroe de la función es un chulo que inevitablemente caerá mal al espectador con su prepotencia y arrogancia; y la heroína trágica del film es una mujer borde y antipática que pronto se volverá una adicta de la belleza (evidente alusión a las drogadicciones) que se gana a pulso su condena.
El espectador moderno no podrá evitar la sonrisa ante lo inocente de la explicación de los experimentos del científico, ni quizás la carcajada ante la presencia de la mujer avispa a la que hace referencia el título de la película. Sin embargo este tipo de films nos sirven para darnos cuenta de la manera de hacer cine de un director único, y de una forma irrepetible de entender la ciencia ficción dentro de su contexto histórico. Además siempre resulta grato reencontrarse con la gélida belleza de la malograda Susan Cabot.