CINE · AULLIDOS
Crítica de Sweeney Todd (2007)
Sweeney Todd
Crítica de Sweeney Todd
Parece que ha pasado una eternidad desde que Tim Burton y Johnny Deep formasen equipo por primera vez. Eduardo Manostijeras, tal vez una de las películas más hermosas jamás realizadas, supuso la confirmación de que Burton era el director más imaginativo de la industria cinematográfica y, Johnny Deep, un actor destinado a ser grande.
Tal vez el hecho de que el director y el actor sean considerados como "genios" y "raros" a la vez en Hollywood, provocó una tremenda conexión entre ellos que dio como resultado en los años sucesivos joyas como Ed Wood o Sleepy Hollow, esa brillante adaptación del relato de Washington Irving.
Y tal vez fue Sleepy Hollow la película que marcó un antes y un después en la carrera de Burton. Desde que el jinete sin cabeza llegase a las pantallas, Tim Burton parece más destinado en conformarse a los deseos de la industria que a lo que realmente desea hacer. Salvo en momentos puntuales de Big Fish, Charlie y la Fábrica de Chocolate o La Novia Cadáver (del remake de los simios ni quiero acordarme), Tim Burton empieza a demostrar, que aparte de crear mundos maravillosos, también sabe aburrir, y desgraciadamente Sweeney Todd no es una excepción.
Pese a la espectacular recreación visual creada por Burton, no resiste comparación con el musical original, como ya ocurriese hace unos años con El Fantasma de la Opera y la soporífera (aunque fiel) adaptación de Schumacher al cine. Asimismo, la historia de este barbero vengativo es completamente plana: comienza siendo un hombre amargado, continua siendo un hombre amargado y termina siendo un hombre amargado. Pese a que Deep intenta transmitirnos su pena y dolor en todo momento, su personaje no sufre ningún tipo de evolución en toda la película, es completamente plano. Por su parte, Helena Bonham Carter repite el mismo papel que ha hecho durante toda su carrera usando el mismo vestuario de El Club de la Lucha; Rickman parece perdido; y Laura Michelle Kelly completamente desaprovechada. Es triste admitirlo, pero el único personaje que parece creese lo que está haciendo es Sacha Baron Cohen (sic) en su papel de Pirelli.
No obstante, en manos de otro director que no fuese Burton, el resultado hubiera sido grotesco. Gracias a su oficio, consigue salvar por momentos una película (el primer encuentro Deep-Rickman, los crímenes de Todd o el inevitable, y previsible, desenlace) a la que tal vez no puede pedírsele más dado su respeto a la obra original, pero que aun así, queda muy lejos del mejor cine de Burton.
Lo Mejor: Sacha Cohen Baron y el poderío visual de Burton.
Lo Peor: Aburre por momentos.