CRÍTICA DE SAW 4

Por Rubén Pajarón
 
"It's a trap", rezaba el cartel de la película, y no iba nada desencaminado. No era sólo un aviso a las víctimas del juego de Jigsaw, sino al propio espectador. SAW IV juega con nosotros.

La saga SAW se ha desmarcado no sólo de la competencia directa, sino de todo el cine de terror actual; su complejidad, su estilo, la estructuración de sus historias, su estética, sus personajes, su música... hacen que sea un mundo cerrado en sí misma, que escapa a evaluaciones de calidad y comparaciones. Al igual que los macabros juegos de Jigsaw, las películas han sido soldadas, temporizadas y engranadas entre sí con gruesas cadenas, que aportan su mayor virtud, la fidelidad, consigo misma y con el espectador, como un bloque inquebrantable, en el que las secuelas ya no son innecesarias, como tiende a decirse en general, sino todo lo contrario.

Como venimos siendo acostumbrados, cada secuela implica un paso adelante respecto a la anterior, especialmente en sadismo y complejidad argumental, una mezcla que si ya de por sí es difícil de encontrar en nuestro género, a nivel básico, tratándose de una cuarta parte de esta saga resulta inimaginable, y todo un riesgo al fracaso, sea por su delicada planificación y desarrollo tras las cámaras, o bien por la recepción del público, al que pese al esfuerzo, como paladín mediático actual de nuestro género, ha terminado separando en dos grupos: incondicionales y casuales, optando por satisfacer las exigencias de los primeros. La saga SAW ya no es digerible por todos, como ocurría con sus dos primeras entregas, SAW 4 exige interés y predisposición al espectador, para poder disfrutarla de verdad.

El otro gran riesgo de la película era su guión, por primera vez fuera de las manos de sus creadores, James Wan y Leigh Whannell, y sin embargo el nuevo dueto, Marcus Dunstan y Patrick Melton (artífices de "Feast"), no sólo supo encarar el reto con humildad, sin pretender sobresalir o reinventar, sino que supo sintetizar las claves que dan forma y personalidad a la saga, y reutilizarlas para crear una historia sólida, coherente, retorcida e inteligente, que además homenajea a sus antecesoras, mezclando las particularidades de cada una: la revelación final de SAW, las historias paralelas de SAW 2, y el juego principal de SAW 3. Todo esto, más una soltura inaudita ofreciendo pistas e información reservada a mansalva, que facilitan e incluso exigen la realización de más secuelas, para nada injustificadas.

Se mantienen los actores principales, se rescatan personajes que se consideraban perdidos, como Eric Matthews, se complementan secuencias de entregas anteriores, se mantienen y reversionan los temas musicales (junto a su compositor), los planos, la iluminación enfermiza, los tonos fríos, los flashbacks... SAW 4 es fiel a su saga, fiel a su historia, a sus creadores y a su público, complacerá a los seguidores de la franquicia y del género en gran medida, y decepcionará a gente que acuda sólo por la publicidad, por pasar el rato, o a los que consideren basura a las secuelas sólo por ser secuelas, y crean que una historia nunca puede dar más de sí.

A fin de cuentas, buenas cuartas partes las contamos con los dedos de una mano, y nos sobrarían dedos, sólo teniendo en cuenta esto, SAW 4 es ya una proeza.
 
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