CRÍTICA DE FRANKENSTEIN Y EL HOMBRE LOBO

Por Ramón Ruestes
 
La secuela de la exitosa 'El hombre lobo' (George Wagner,The wof man 1941) llegó en forma de crossover dos años después, cruzando al licántropo con el universo de Mary Shelley de una forma bastante simpática y entrañable (posiblemente mas hoy en dia para nosotros que no en su momento...). Por parte de la saga sobre el monstruo de Frankenstein realizada desde la Universal, esta sería la quinta entrega tras 'The son of Frankenstein' (Rowland. W Lee 1939) y 'The ghost of Frankenstein' ( Erle C. Kenton 1941). Después vendría la fantástica 'The house of Frankenstein' (Erle C. Kenton 1944).

Poco hay que destacar en esta delirante historia. Por una parte, la magnífica ambientación, lo que nos la hace tan entrañable junto con, el ritmo, el climax final, un correcto Lon Chaney Jr. en el papel del atormentado Talbot y ese simpático numerito musical. Numero que no desentona dentro de lo que son doscientos giros inesperados en la trama. Giros en los personajes, como el del Dr Patrick Nowles que pasa de ser un medico normal y lúcido a ,un tipo aparentemente poseído por el Dr. Frankenstein haciendo de mad doctor en la parte final en un suspiro. O en lo que es un film con fallos de racord, los cuales parece que sin importarles a los responsables, como en la transformación de un Talbot en el hospital en camisón, para aparecer después en plena calle vestido.

El resto no es mas que una colección de forzadas situaciones, fallos demasiado evidentes y un lamentable Bela Lugosi interpretando a la criatura de Frankenstein a lo Abbot y Costello. Tan forzado y poco convincente que alguna de las escenas de acción como en la que el monstruo irrumpe en la fiesta, nos llega mas cercana a la comedia que a otra cosa. Ni el maquillaje del responsable de toda la saga Jack Pierce le ayuda, a este Bela, forzado a interpretar al personaje que en su día rechazó. Cabe decir también que, la película sufrió algún cambio desde su preestreno, donde parece ser que el monstruo de Frankenstein hablaba y no cuajó el acento de Lugosi.
 
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