CINE · AULLIDOS
Crítica de Las colinas tienen ojos (1977)
The Hills have eyes
Crítica de Las colinas tienen ojos
Las Colinas Tienen Ojos (1977), La Matanza de Texas (1974), de Tobe Hooper, y La Noche de Halloween (1978), de John Carpenter, se han convertido en las tres columnas de los setenta sobre las que reposa el cine de terror moderno estadounidense (cada una por motivos diferentes).
Inspirándose en el trabajo de Hooper y en una historia real del siglo XVII sobre la familia Sawny Bease de Escocia, que asaltaba a los viajeros robándoles y devorándolos hasta que fue detenida por las tropas del rey Jaime I; Craven supo crear su propia pelicula sobre el canibalismo (ganadora del Premio de la Crítica en Sitges) con un equipo de 15 personas, apenas 230.000 dólares de presupuesto y varias semanas de rodaje en el desierto californiano.
Es complejo valorar hoy una película como Las Colinas Tienen Ojos. Su mayor merito es ser representativa de la transición que vivió el género en los setenta, además de sentar algunas de las bases utilizadas sin rubor por películas más recientes como Wrong Turn. La década introductoria de las masacres violentas, los desmembramientos y las vísceras. Una época en la que en esta rama no se exigían desarrollo de personajes, subtramas o argumentos complicados... Sólo escenas grotescas (muchas veces censuradas para evitar la calificación X como en este caso) que con el tiempo se han sabido combinar con buenos guiones. En ese sentido hay momentos tensos como el de la caravana, y otros simplemente buenos como el uso del gas para la venganza.
Exigua es la información sobre los personajes, destinada a aflorar de forma sutil en los problemas de convivencia que se originan en una familia sencilla durante un viaje. Son carne para caníbales y no es el momento ni el lugar para ponerse demasiado melodramáticos sacando a relucir trapos sucios (problemas de los matrimonios, de trabajo, secretos, traumas...) del pasado del clan, que estarían fuera de lugar y romperían el ritmo. Sabemos lo preciso: el motivo del viaje, empleo y situación del padre, relación patriarca-yerno, relación anciano-caníbales... y la historia pasada que desvela el dueño de la gasolinera. Más información sobraría.
Contenidos como la supervivencia, la negativa firme a seguir siendo cómplice de costumbres familiares poco ortodoxas (Ruby), el enfrentamiento entre dos familias norteamericanas opuestas... sustentan la historia. Insisto, el guión es bueno, el defecto está en su traslado del papel a la imagen, hay secuencias mal rodadas. Inclina a pensar que por falta de medios muchas cosas quedaron en el tintero y otras muy poco definidas. Hasta se tuvieron que reutilizar los decorados de La Matanza de Texas para economizar gastos. Técnica y artísticamente es muy limitada pero un pequeño avance comparada con la pobre La Última Casa a la Izquierda.
Y hablando de imágenes. Esta sería la primera vez que Wes reflejaría su fijación por integrar algunas del cine de terror, ya sean fijas o en movimiento. Esta vez un póster de Tiburón para homenajear a Spielberg e insistir en que la odisea de los Carter es real y Tiburón es solamente una película que hasta sus personajes conocen.
El legado de La Matanza de Texas.
Terror sucio, superficial, barato e impactante.