CINE · AULLIDOS
Crítica de Ghost Rider: El Motorista Fantasma (2007)
Ghost Rider
Crítica de Ghost Rider: El Motorista Fantasma
En cuanto me propuse afrontar esta crítica, me vinieron a la cabeza muchos insultos, pero creo que dejaré la vehemencia a un lado para comentarlo tranquilamente.
Esta película es de lo peor que se ha hecho adaptando un cómic. Así de claro.
Empecemos con su director. El señor Mark Steven Jhonson debutó con El Inolvidable Simon Birch, una peliculilla emotiva, más tirando a telefilme, correcta y que ganaba puntos por contar entre su plantel con Oliver Platt. Después, decidió que quería adaptar un cómic, y se puso manos a la obra con Daredevil. A pesar del excelente material del que pudo haber copiado, el resultado fue un pastiche videoclipero sin sentido, estúpida y, lo que es peor, con un guión y una dirección que rozaba la verguenza. Misteriosamente, el conjunto era superior a la suma de las partes, y se quedó como una película vistosa y que, por lo menos, se hacía corta.
Luego se lanzó a hacer la presente película, con Nicolas Cage, pirado de los cómics y pirado en general. Y el resultado... bueno, pues no podía haber sido peor.
De nuevo, este hombre, que firma el guión, demuestra que para hacer una película no hace falta saber de cine, ni saber contar una historia. La historia de El Motorista Fantasma se desarrolla de forma estúpida: Johnny Blaze ve que su padre está enfermo de cáncer, aparece Mefistófeles y le cura, pero poco después muere en el que será su gran salto de despedida. Luego Blaze descubre que Mefistófeles solicitará sus servicios algún día, deuda que se cobrará años más tarde... La historia es tonta, entre otras (muchas) cosas, porque omiten un detalle importante del cómic: Johnny Blaze PIDIÓ un pacto con el demonio, el demonio no vino a él porque viera su cara de pena. Algo que ya ocurrió con Constantine, y que parece que en Hollywood atraganta: hay personajes que ELIGEN hacer una mala acción, en lugar de ser víctimas de un destino aciago. Y aunque pueda parecer una tontería, esto altera la psicología de un personaje.
Después del pacto, se suceden planos vergonzantes e incluso se repiten, con un Nicolas Cage que señala más que el mono del armario de Padre de Familia. Sin ningún motivo, Blaze abandona todo por una vida itinerante, y decide jugarse los machos con saltos imposibles para probar que Mefistófeles le quiere vivo por alguna extraña razón. Más tarde sabrá el motivo: el hijo de este demonio, Blackheart, ha escapado del averno, y quiere devolverle a tan caliente lugar antes de que consiga un poder absoluto gracias al contrato de San Venganza, un pueblecito del viejo Oeste que sufrió toda una masacre a manos de sus propios lugareños.
Y más tonterías. Porque a ver... un tipo que escapa él solito del Infierno, ¿para qué demonios, y nunca mejor dicho, necesita secuaces? Uno podría pensar que, por lo menos, para dar una excusa con la que el Motorista se líe a mamporros, pero es que cada secuaz está basado en un elemento, se ve a la legua cómo acabarán con ellos y, para colmo, ¡los enfrentamientos apenas duran cinco minutos! Rodados sin espectacularidad, por cierto. O tonterías como la copa de caramelos de Blaze, el papel de Eva Mendes, la nula trascendencia de los secundarios (pff... para un amigo que soporta a Blaze), la memez que atesora el personaje del enterrador (no sólo por sus frases solemnes, sino porque coge su última transformación y la gasta en una cabalgata que sólo vale para dar vidilla al tráiler... !Reborbones!, ¿y por qué no usarla para ayudar a Blaze?); la lista de tonterías es tan grande como el brazo de un orangután.
Resumiendo, creo que la comparación más acertada que se puede hacer sobre este director es: Uwe Boll es a los videojuegos, lo que Mark Steven Jhonson a los cómics. Porque tiene delito que el mejor filme de tu carrera sea El Inolvidable Simon Birch.
Lo mejor: Se hace corta, y no importa mucho, como si te operaran con anestesia local. A fuerza de sacarle fallos puedes entretenerte un poco.
Lo peor: Todo lo demás.<