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CINE · AULLIDOS

Crítica de Tideland (2005)

Tideland

Crítica de Tideland

Que Terry Gilliam es un director con una tendencia casi suicida al exceso, es cosa bien sabida entre los aficionados al cine. El ex Monty Python tiene la extraña cualidad de no dejar indiferente a ningún espectador, cosa demostrada con esta irregular "Tideland", abucheada en los festivales en los que ha sido presentada (por no hablar de las numerosas deserciones de las salas de cine en que se ha mostrado) a la vez que galardonada con el premio FIPRESCI de la crítica internacional.

"Tideland" cuanta la historia de una pareja de drogadictos y de su hija pequeña Jeliza-Rose, que deberá hacer frente a un mundo adverso dominado por la soledad y la incomprensión. La joven, acompañada por las cabezas mutiladas de tres muñecas, se enfrentará a la realidad gracias a su imaginación excesiva y a los bizarros compañeros de viaje que se irá encontrando alrededor de la casa tejana en que se encuentra.

La referencia más clara a la que se alude en este film es "Alicia en la País de las Maravillas", siendo la joven protagonista de este cuento macabro el epicentro de un mundo en el que la línea divisoria entre lo real y lo fantástico se diluye hasta la extinción. La horrible realidad en la que vive Jeliza-Rose, se transforma en una fantástica aventura habitada por brujas malvadas de ojos muertos y tiburones asesinos que siguen los raíles de las vías del tren.

"Tideland" tiene algunas ideas realmente buenas, y visualmente es una verdadera gozada. Al fin y al cabo Terry Gilliam siempre se ha distinguido por su fantástica imaginación, por su creación de realidades atípicas y malsanas de halo supuestamente ingenuo. Sin embargo "Tideland" no consigue cuajar del todo, se queda a la mitad de casi todas sus pretensiones y por ello decepciona un poco al espectador. Y es que partiendo de una buena premisa y de un buen puñado de ideas innovadoras, la historia se estanca hasta límites exasperantes, la trama no avanza y se aturulla con el regusto de Gilliam por el histrionismo y lo grotesco. Todo gira y gira alrededor de las mismas ideas, como si el director echara un pulso con el espectador para ver quien aguanta más en su nuevo juego cinematográfico.

El año 2005 no fue demasiado bueno para Terry Gilliam, que se ha ganado a pulso el sambenito de director maldito que se le cuelga desde hace tiempo. En el mismo año se estrenaron dos películas suyas, la comercial "El secreto de los Hermanos Grimm", que fue abucheada casi unánimemente por la crítica, y la más minoritaria "Tideland", ninguneada por las distribuidoras y muy criticada por el público.

Esta última cuenta con la interesante presencia de Jennifer Tilly y Jeff Bridges (que repite con el director tras "El rey pescador", convertido para la ocasión en momia ambulante) como padres drogadictos, y la niña rarita de "Silent Hill", Jodelle Ferland, como eficaz protagonista de la historia. Un buen ejemplo de por que Terry Gilliam sigue siendo uno de los autores más inclasificables del celuloide actual.