CRÍTICA DE LA MOMIA: LA TUMBA DEL EMPERADOR DRAGÓN

Por Miguel Martín
 
Hay películas cuya puntuación se concede en base al entretenimiento que proporciona, y no a su calidad cinematográfica. Por ello esta tercera entrega de la saga de ‘La Momia’ se salva de una quema total, ya que aunque resulta mediocre en multitud de aspectos, sí que logra entretener durante buena parte de su metraje. Porque ni siquiera logra divertir al cien por cien, acarreando una falta de ritmo imperdonable en un producto de estas características.

El guión es simple como el mecanismo de un chupete, y cuenta con un buen número de incongruencias y escenas infantiloides. Las conversaciones sonrojan a base de tópico, y en ocasiones da la impresión de que los guionistas no sabían cómo culminar algunos actos y solucionan la papeleta de manera chapucera (salvamento yeti a la cabeza).

¿Entonces? ¿Cómo es posible que una película con tal multitud de puntos en contra logre aprobar, aunque sea con un triste cuatro y medio ramplón? Simple y llanamente por sus divertidas secuencias de acción y aventura. El prólogo y la persecución en Pekín ya merecen por sí solas el pago de la entrada al cine. Además la película se beneficia de la complicidad que despiertan unos protagonistas ya conocidos por el espectador (Brendan Fraser más cartoon que nunca, John Hannah quizás más histriónico de lo que se recordaba… y se echa de menos a Rachel Weisz es su papel de la atolondrada Evelyn O'Connell en detrimento de la correcta María Bello). Michelle Yeohm, como suele ser habitual, se come la pantalla con su sola presencia (aunque está tremendamente desaprovechada), el desconocido Luke Ford no da la talla como hijo del protagonista y Jet Li sale tan poco que ni siquiera sabría juzgar su trabajo. Todos ellos están al servicio de un espectáculo de acción más que correcto, en ocasiones incluso grandioso. Eso sí, los momentos que sirven de nexo de unión entre esas escenas de acción (drama familiar, amago de noviazgo) se caen por su propio peso.

Como todo blockbuster veraniego que se precie, ‘La Momia 3’ cuenta con unos efectos especiales en cuya perfección reside la mejor baza del film. Contiene algunos hallazgos visuales impresionantes, y se agradece la abundante imaginación que destilan ciertas imágenes (aunque en ocasiones se tire demasiado por el homenaje evidente, el saqueo de ideas a la saga de Indiana Jones es increíble).

Sin embargo este punto a favor se vuelve neutro por exceso y reiteración. No en vano el director de esta floja entrega es Rob Cohen (‘XXX’, ‘A todo gas’), un tipo que basa sus películas en un constante y alarmante ‘más difícil todavía’. El irregular Stephen Sommers al menos supo imprimir sentido de la aventura al film original y su secuela, pero Rob Cohen ni siquiera sabe darle un clímax satisfactorio a esta película, creando una batalla final (y digital) sin vestigio de alma. Y una lucha héroe-villano vistosa pero basada en algo tan estúpido e infantil como un ‘venga, pelea como un hombre’ (tanto dirigir a Vin Diesel le ha debido dejar secuelas a este hombre…).

Cabe preguntarse por las razones que llevan a los productores a explotar gallinas de huevos de oro a base de prescindibles secuelas que solo llegan a entretener sin intentar siquiera emular a los originales (‘Piratas del Caribe’, ‘Indiana Jones’ o un desgraciado sinfín de etcéteras ni siquiera divertidos). El resultado es un film como ‘La Momia 3’, un producto vagamente digerible y mediocre, tan entretenido como olvidable.
 
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