CRÍTICA DE HELLBOY 2: EL EJÉRCITO DORADO

Por Miguel Martín
 
Hellboy, el personaje creado por Mike Mignola hace ya 14 años, regresa al difícil mundo cinematográfico de la mano del irrepetible Guillermo del Toro, que se siente como pez en el agua con todo el potencial que tienen las historietas de este simpático demonio condenado a destruir el mundo. Sin duda el film requería a un director que supiera sacar todo su jugo a las fantasiosas ideas del universo de Hellboy, y no hay nadie en el cine actual con más imaginación que el realizador mexicano.

“Hellboy 2” es, de principio a fin, una gozada visual. La creativa mente de del Toro se explaya en cada criatura y en cada escenario mostrado, logrando momentos de una belleza visual inigualable (el fin del elemental, sin ir más lejos). Los ecos de su obra maestra “El laberinto del fauno” resuenan frente al diseño de algunos personajes (el Ángel de la Muerte, por ejemplo), y logra desatar toda su excentricidad en cada monstruo que pulula por el mercado troll (¿quizás un guiño a cierta escena de “Star Wars: Una nueva esperanza”?).

Además de su enorme poderío visual, es digno de alabanza el sentido del ritmo que sabe imprimir a la película. “Hellboy 2” no aburre en ningún momento, combinando sabiamente las escenas de acción con la vida privada del chico del infierno, momentos caricaturescos al servicio de un Ron Perlman cada vez más a gusto bajo las capas de maquillaje del monstruo protagonista. Cada escena de esta segunda parte sorprende al espectador, no dejándole ni un momento de respiro a base de apabullantes escenas de acción y de creatividad artística. Tampoco es desdeñable las altas dosis de humor que salpican el metraje, la mayoría de las veces de un tinte bastante negro (¡menudo genio se gasta el tumor!) aunque de vez en cuando se caiga en lo infantil (la pelea con el protoplásmico Krauss en las taquillas… y el doblaje del mismo por parte del omnipresente Santiago Segura). Aunque sin duda el momento más simpático corre a cargo de una borrachera entre Hellboy y Abe Sapien en el que se subraya la verdadera personalidad de Hellboy: macarra, melancólico y borrachazo.

El guión del film (firmado también por del Toro junto al propio Mignola) se aleja de una historia concreta de la saga de cómics, innovando en su planteamiento pero siguiendo la estela que despiden las historias de Mignola a base de variadas leyendas y mitos. En este caso la historia es sencilla y bastante lineal: una tregua rota entre fantasía y realidad que tendrá que devenir en una guerra entre humanos y monstruos. Por enésima vez la eterna lucha entre buenos y malos, aunque en esta ocasión no quede del todo claro quien pertenece a qué bando. Además el guión incide en uno de los puntos clave de los cómics en que se basa el film: el destino de Hellboy como destructor de nuestro planeta.

Si bien la primera y muy estimable película sobre Hellboy se veía demasiado sujeta al patrón de adaptación fiel a un cómic de culto, esta segunda parte obvia la presentación de personajes y va directamente al grano. Vale que algunos puntos de la historia queden un tanto desdibujados (el repentino odio de la población ante los miembros de la AIDP), y que la historia de amor trágica entre dos de los personajes se coja con pinzas. Sin embargo el film persigue el único fin de entretener y lo consigue de sobra. Acción, misterio, humor, villanos carismáticos, maldiciones milenarias, algo de reflexión (lo justo, tampoco demasiado…), decorados de ensueño, personajes imposibles… ¿Alguien le puede pedir algo más a una película de corte fantástico?
 
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