CINE · AULLIDOS
Crítica de Bangkok Dangerous (2008)
Bangkok Dangerous
Crítica de Bangkok Dangerous
Los hermanos Pang dan un paso de gigante hacia las redes del cine norteamericano con ‘Bangkok Dangerous’, hurgando por el camino en la imperante falta de imaginación del cine actual y remekeando para ese mercado una de sus propias películas (un modus operandi cada vez más extendido): ‘Muerte en Bangkok’.
Esta peripecia hollywoodiense no les sale mal a los gemelos orientales, realizando una de las más interesantes películas de acción de lo que llevamos de año. Con una fotografía mayoritariamente oscura y una estética sucia, el film nos muestra las peripecias de un asesino a sueldo en la ciudad tailandesa a lo largo de cuatro crímenes que debe cometer. Así, veremos como sus férreas convicciones (aquellas que le han mantenido con vida hasta el momento) se van rompiendo a medida que encuentra algo parecido a la amistad y al amor.
El guión de ‘Bangkok Dangerous’ es sencillo como poco, y su desarrollo no es que sea demasiado innovador. Sin embargo la película engancha por lo arriesgado de la premisa (un asesino amoral como héroe, un recorrido turístico por los lugares más sórdidos de Bangkok, momentos reflexivos mezclados con estallidos de violencia) y por momentos de acción realmente memorables (especialmente visual resulta la persecución por los canales).
El bueno de Nicolas Cage vuelve a lucir su sempiterna cara de palo durante todo el metraje, aunque en esta ocasión le viene bien a su papel de solemne asesino sin escrúpulos. Eso sí, alguien debería decirle que acepte su edad de una vez, que no pasa nada por quedarse calvo (que se lo digan al amigo Bruce Willis) pero que deje de ponerse esas ridículas extensiones de pelo.
Sin duda lo que baja puntos enteros a este film es la extraña historia de amor entre la tailandesa-farmacéutica-muda y el criminal protagonista (a Nicolas Cage se le da mejor la cara de impávido que la de enamorado, por decirlo suavemente), increíble en todo momento y rozando lo vergonzosamente ñoño en ciertas ocasiones. Menos mal que el final redime estos momentos mediocres y dota al asesino profesional de una ética y un honor perdido.