CRÍTICA DE WICKER MAN

Por Marta Muñoz
 
Hacer un remake de una película que ya funcionó bien en su momento siempre tiene sus pros y sus contras. Por un lado, tiene la garantía de que ya gustó una vez, por otro, el lastre de que un remake debe mejorar o aportar algo respecto a la versión anterior para que tenga sentido. Dice el director que su intención no era mejorar algo que ya era bueno, sino actualizarlo, usar ese material para hacer una película distinta... y distinta es.

La historia: un policía (Nicholas Cage) pasa un mal momento tras haber sido incapaz de evitar la muerte de una madre y su hija en la carretera. Estando de baja le llega una carta de su ex -prometida, que le pide ayuda para encontrar a su hija desaparecida. Para su investigación, se traslada a una extraña isla-comunidad regida por una especie de matriarcado que vive de la apicultura. En la isla parece haber una conspiración de silencio contra él, aunque eso no le impide ir descubriendo algunos hechos inquietantes...

Quizá una de las aportaciones más interesantes de la nueva película sea el cambio del género en el papel que interpretó Christopher Lee como jefe de la comunidad. Aquí ese rol lo lleva una mujer (Ellen Burstyn), que actúa como una especie de abeja reina en su reino de obreras. Los hombres tienen un papel secundario, meramente reproductivo, como el de los zánganos de la colmena. Incluso la religión que practican en la isla va con el rol matriarcal: la cripta de la antigua iglesia católica de la comunidad ha quedado sumergida en el mar, el Cristo crucificado se sumerje, destronado y olvidado, en las aguas, y los habitantes adoran a una deidad femenina.

La película toca hábilmente varios miedos primarios de los hombres: la pérdida de un hijo, la posibilidad de morir ahogado o quemado, el aislamiento (en la isla no funcionan los móviles, la única radio queda inutiliza, no hay medios de transporte para salir...). Pero habría que preguntarse si en las capas más recónditas del subconsciente, para los espectadores de la película (no espectadoras), ¿no es la idea de una sociedad absolutamente dominada por las mujeres lo más terrorífico de todo? ¿Por qué aporta tanta inquietud ese rol dominante en la película, por qué hace que se cargue de connotaciones negativas... mientras que el patriarcado de la anterior no afectaba en ese plano? Puede que el miedo más primario de todos a los que apela la película sea el de la castración.

Por desgracia, aquí se acaban las aportaciones interesantes. En "The Wicker Man" despropósitos argumentales hay a pares, el personaje de Nicholas Cage roza el absurdo y duele ver a actrices tan estupendas como Ellen Burstyn o Leelee Sobieski desperdiciando talento de semejante manera. Quizá si Nicholas Cage no fuera productor además de protagonista y el actor fetiche del director, Aaron Eckhart hubiera hecho su papel... Quizás, quizás, quizás.
 
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