CRÍTICA DE DAYBREAKERS

Por Miguel Martín
 
La premisa de ‘Daybreakers’ no deja de tener su coña: una plaga ha convertido a la inmensa mayoría de la población en vampiros, convirtiendo a los humanos restantes en su única fuente de alimentación.

Los hermanos Spierig dirigen con pulso su propio guión, y se agradece el esfuerzo de crear una película eminentemente divertida donde otros hubieran intentado hacer algo pretencioso con ínfulas de obra de culto. Y todo ello sin olvidar una carga de crítica social (a las diferencias de clases, al sistema capitalista) no por evidente menos mordaz. Todo ello, junto con una cuidada estética y un reparto eficaz (Ethan Hawke, un William Dafoe muy en la onda James Woods de ‘Vampiros de John Carpenter’ y, especialmente, un refinado Sam Neill) hace que el film gane enteros.

Los directores saben como sacar partido a la mitología vampirica clásica para actualizarla a su propia fantasía, cargándola por el camino de refrescante humor negro (las tiendas de venta de sangre, la red subterránea que conecta los edificios para poder viajar de día…). Además se agradecen las innovaciones que proponen en su guión, dejando para el recuerdo algunas escenas impactantes y estéticamente resultonas.

Lástima que un buen comienzo se vaya pervirtiendo poco a poco a lo largo de la trama, convirtiendo un buen montón de grandes ideas en una película de acción no por entretenida menos decepcionante. Será entonces cuando el espectador caiga por fin en la cuenta de que lo que está viendo en pantalla no es otra cosa que una película de serie B de inspiración claramente Carpentiana y con sus toques gorecillos (especialmente en su previsible final).

La película entretiene y tiene varios destellos de calidad, aunque decepciona al saber que con una premisa tan interesante, podía haber dado mucho más de sí.
 
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