CINE · AULLIDOS
Crítica de La escalera de Jacob (1990)
Jacob's Lader
Crítica de La escalera de Jacob
Sin duda, La escalera de Jacob es una de esas extrañas películas que te desconciertan a medida que su metraje avanza, y que al finalizar, inconscientemente no puedes dejar de pensar en ella. ¿Quién no se ha hecho todo tipo de preguntas al ver Donnie Darko, Memento, Mullholand Drive, la sobrevalorada Matrix o más recientemente Primer? Hoy día tienen la extraña manía de darte las películas mascadas, donde pagues los seis euros que cuesta la entrada y al salir del cine te olvides por completo de lo que acabas de ver.
La escalera de Jacob trata sobre el terrible viaje de Jacob por la línea que separa la vida y la muerte (su purgatorio) tras el ataque sufrido en Vietnam. En su camino tomará una gran relevancia el personaje del quiropráctico, papel que interpreta brillantemente Daniel Aiello. Un ángel que trata de conducir (y ajustar) a Robbins para alejarle del infierno que tanto teme y afianzar su camino y entrada al reino de los cielos para que pueda reunirse con su hijo fallecido. El perfecto contrapunto de Aiello, es el personaje de Jezabel (Elizabeth Peña), su particular demonio que trata de apartarle de la vida que siempre ha amado.
En un momento de la película Tim Robbins está leyendo La divina comedia. Esto no es casual, ya que la importancia de este libro está presente en cada fotograma de la trama. Incluso hay gente que ha afirmado que La escalera de Jacob es una adaptación de la obra de Alighieri.
Jacob, al igual que le ocurría a Dante, tiene su propio descenso a los infiernos. Infierno representado por un decrépito hospital de donde su quiropráctico-ángel le rescata desafiando y enfrentándose a todos los enfermeros-demonios. Posteriormente, Jacob escucha unas palabras que son la clave de la película: "Si luchas contra la muerte verás demonios arrebatándote la vida, pero si aceptas tu muerte, los demonios se convertirán en ángeles que te harán ser libre".
La penitencia de Jacob está representada por Gabriel, su hijo fallecido, que le sumió en una profunda depresión que le llevó a arruinar su matrimonio antes de su viaje a Vietnam.
Particularmente veo innecesaria toda la trama sobre lo sucedido en Vietnam, ya que pienso que sólo la primera y última escena de película son reales. El resto son producto de los recuerdos y la imaginación de la mente atormentada y agónica de Tim Robbins en sus últimos momentos de vida.
Pese a la lentitud con que avanza la trama en algunos momentos, La escalera de Jacob es una película muy recomendable para los aficionados al cine de suspense y terror.