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CRÍTICA DE DERECHO A MORIR

Por Rubén Pajarón
 
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Insólitamente ascendido al rango de Maestro, con una sola película de terror en su corto haber como cineasta, Rob Schmidt se presentó como una de las sorpresas de esta segunda temporada de Masters of Horror.

Por fortuna, dicha precocidad no impidió que despuntara con luz propia, tenue, pero suficiente para hacerse un hueco entre los grandes con una idea modesta e interesante, muy correcta y en cierto modo original, pese a los paralelismos con "Patrick" (1978), de Richard Franklin, o las reminiscencias a la desollada Julia de Hellraiser 2, en el look de la vengativa protagonista, e incluso en sus actos y objetivos. Una originalidad de agradecer, teniendo en cuenta que su solitario y dudoso clásico moderno, "Wrong Turn" (Km.666), es deudor de demasiados precedentes en un subgénero tan profuso como circunscrito a su receta, cuyos referentes siguen siendo a día de hoy sus originarios, "La Matanza de Texas", "Las Colinas tienen Ojos" y "Pánico antes del Amanecer".

"Right to Die" se aleja del American Gothic para ofrecernos una historia de fantasmas vengativos, como es habitual, pero con el aditivo de una propuesta interesante que la desmarca de la narración acostumbrada, la presentación de un fantasma a tiempo parcial. En la película, un aparatoso accidente de coche hace lo que Cliff es incapaz de hacer por sí mismo, romper sus lazos conyugales con Abby, que envuelta en llamas, descubre un dolor más grande que el de las quemaduras, la negativa de su marido a socorrerla.

Aún así, Abby sobrevive. Mientras pasa sus últimos días entre comas interrumpidos en una cama de hospital, Cliff vive con su amante la vida que antes sólo podía vivir en secreto. Pero no es la salud ni la suerte lo que mantiene a Abby con vida, sino su ira. En trámites de desconectar el soporte vital de Abby, Cliff empieza a recibir visitas aterradoras del fantasma de su desfigurada esposa, que aparece sólo en los lapsos en que ésta permanece en coma. Su opinión sobre desconectarla cambiará radicalmente cuando ve su vida en peligro, y a sus amigos cayendo como moscas inexplicablemente. Sólo un pacto inhumano con su mujer puede salvarle la vida, devolverle la suya.

Pese el interés que despierta esta premisa, merma en la práctica ante la falta de atrevimiento, que diluye sus posibilidades optando por atrincherarse entre rellenos y redundancias, y dejar que el encanto eficaz y perturbador de contados momentos cubra los huecos.

A destacar entre dichos momentos, los primeros planos del rostro cauterizado y vendado de Abby, con un maquillaje particularmente inquietante, que hará a más de uno apartar la mirada.
 
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