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Crítica de Halloween 5: La venganza de Michael Myers (1989)

Halloween 5

Crítica de Halloween 5: La venganza de Michael Myers

¿Qué mejor forma para recuperar el favor del público que enlazar la secuencia final de El Regreso de Michael Myers con el inicio de Halloween 5 de un modo parecido a la conexión entre La Noche de Halloween y su secuela? Probablemente es lo que pensaron Dominique Otherin Girard, Shen Bitterman y Michael Jacobs. Si funcionó una vez ¿por qué no otra? Así que a modo de fragmento inicial se añadieron unos planos de El Regreso de Michael Myers para posteriormente volver a ser testigos de su fuga. Una jugada bastante torpe y prescindible, pues poco después vemos el clásico: Un año después.

Por si fuera poco Myers se ha pasado todo un año refugiado en un túnel para ser fiel a su día predilecto de matanza, el 31 de Octubre. Como si algo le impidiera matar cualquier otro día del año, porque entonces Moustapha Akkad habría tenido que buscar otro título. O quizá sea para confirmar que la venganza es un plato que se sirve muy frío.

Se reciclan viejas ideas pero sin perder tiempo en maquillarlas convenientemente. Y tenemos casi el mismo tema argumental que en Halloween 2. La mayor parte de la acción tiene como escenario un hospital al que La Forma acude para acabar el trabajo empezado, en este caso con la nueva protagonista del ciclo post Halloween III, Jamie.

El psiquiatra Loomis, resignado ante la ineficacia de sus disparos, después de vaciar varios cargadores en otro capítulos, recurre al dialogo y al razonamiento, un método al que dedicó quince años de tratamiento, en Smith,s Grove, sin recompensa. Pero la pequeña niña nos descubre una desconocida faceta sentimental de Myers, que tira por tierra todos los esquemas, contradictoria a la deshumanización que le concedió John Carpenter. Cualquier pretexto es bueno para alargar el film adecuadamente (pero innecesariamente) y alcanzar así los noventa minutos.

Danielle Harris, Karen Alston repiten, pero es sumamente chocante la todavía permanencia de Donald Pleasence, un actor de formación clásica (infravalorado en la última etapa de su carrera), en una saga que le arrastró consigo a él y a su personaje, Samuel Loomis, despojándolos de toda credibilidad a partir de la cuarta entrega

Salta a la vista la descuidada imagen del asesino (con una mascara poco favorecedora), que al igual que en la película anterior, parece más un imitador o el mismo Ben Tramer disfrazado. Por lo menos los efectos especiales de maquillaje de los asesinatos tienen la firma de Kurtzman, Nicotero y Berger. Todo un detalle a falta de una historia medianamente contundente y coherente.

Un mero pretexto del productor Moustapha Akkad para alargar la saga de forma que pudiera competir con las series Pesadilla en Elm Street y Viernes 13.