CINE · AULLIDOS
Crítica de Halloween 6: La maldición de Michael Myers (1995)
Halloween: The curse of Michael Myers
Crítica de Halloween 6: La maldición de Michael Myers
"Traté de imprimir un estilo que transmitiera un ambiente de amenaza constante. Recalcando el aspecto psicológico, que es el motor del miedo". Joe Chappelle.
Pasaron seis años para que volviéramos a saber que había sido de Michael y de Jamie, para descubrir quien era el oscuro visitante de la cárcel y para que el pueblo de Haddonfield volviera poder celebrar la festividad del 31 de Octubre.
La noche de Halloween era una película sencilla, con un argumento sencillo (pero rodada de forma magistral). Por eso, el craso error de algunas entregas fue ese sobreesfuerzo por ofrecer una teoría aclaratoria sobre el origen de Michael Myers. Esa parecía la meta. Superar una trama que a primera vista no debía suponer un gran reto. Y en esta nueva oportunidad el objetivo era desarrollar el trasfondo de la relación entre Myers y la fiesta de Samhain (31 de octubre, el fin del verano) que John Carpenter esbozó en Halloween 2. Y en cierto modo parecía una ocurrencia con gancho que podía redireccionar la saga, pero fracasó en el intento.
Hubo destacables novedades como la "absoluta" retirada del Doctor Loomis (con los rasgos de Donald Pleasence por última vez), la recuperación de personajes de la película original: Tommy Doyle, el pequeño que veía al hombre del saco a través de la ventana, y el doctor Wynn, aquel con el que Loomis discutía tras la huída de Michael de Smith's Grove. Aunque no del modo mas apropiado (sobre todo la del segundo). Y también otras menos agraciadas: la entrada en escena de los parientes de la familia Strode -aparentemente para contrarrestar la crítica situación de extinción del clan-, el "recién llegado" y su origen, la relación Jamie-Michael, el "complot" tramado y oculto durante años, la conversión guitarrera de Alan Howarth y Paul Rabjohns del tema principal... que conforman ya una rica relación de insensateces por sí solas sin la compañía de otras incongruentes del montaje del director.
El director de la película, Joe Chappelle (Phantoms, The Skulls II), confunde crear suspense con lentitud desmesurada e irritante y exprime hasta el extremo esa costumbre de iluminar todas las muertes con estrobo, como si los crímenes se produjeran en una discoteca.
Unicamente merece respeto la participación (esta vez menor) del mítico Donald Pleasence, que falleció tras la finalización del rodaje, a quien le está dedicado el filme.