CRÍTICA DE STAR TREK

Por Ignacio Estrada
 
No me considero un erudito en lo que a la saga “Star trek” se refiere y como el director de esta nueva secuela o precuela (tachase la que proceda) soy fan de “Star wars”, pero después de ver esta reinvención de las aventuras de Kirk y Spock, voy a comenzar a devorar la mítica serie de los sesenta porque es tan bueno el sabor de boca que deja la undécima película de la saga, que más de uno seguirá mis pasos y saldrá de la sala queriendo conocer algo más de estos personajes.

En los personajes, es donde encontramos la estructura narrativa de la nueva película de J.J. Abrams como si de el capitulo piloto de una nueva serie de televisión se tratara. El guión se estructura a base de como unos y otro se van a conociendo y llegan a formar parte de la tripulación de la U.S.S Enterprise, prestando mayor atención a los dos iconos de la saga, Kirk y Spock, ambos con un pasado de lo más interesante y que hace que desde el principio el “trekkie” novato se enganche y el más veterano le de una oportunidad a lo que le están contando. Dejando de lado cierta historia de amor que algunos fans más acérrimos criticaran hasta morirse, y que está escrita para atraer a todos los públicos, el guión es más inteligente y divertido de lo que aparenta ser.

Con solo una película en su filmografía como director, y algunos capítulos de televisión, J.J. demuestra que no tiene nada que envidiar a los nuevos valores de Hollywood, pues ha conseguido trasladar un lenguaje puramente televisivo a la gran pantalla, y sin que el espectador más exigente se de cuenta. No hay movimientos de cámara para lucirse o lucir decorado, pero si hay una planificación que unida a un adrenalítico montaje, sobretodo en secuencias de acción, que consiguen que los 130 minutos de metraje pasen como un suspiro.

J.J. sin querer ofender a ningún “trekkie”, y como fan de “Star wars”, está muy influenciado por esta última, y son numerosos los homenajes a la santa saga galáctica que hay en esta película, el más claro es el episodio que sucede en un planeta helado que recuerda al prologo de “El imperio contraataca”.
La música es otra pieza fundamental en esta película, el colaborador habitual de Abrams, Michael Giacchino, ha desechado todo el material anterior de la saga y ha creado el suyo propio, donde no dejamos de escuchar referencias a “Perdidos”, y donde destacamos el tema principal que sin ser el “let motive” de la película será lo que recordaremos al salir de la sala.

En los apartados técnicos, de fotografía y dirección artística, el director de fotografía Daniel Mindel (Domino, Spy game) ha sabido combinar todo el espectro de colores, muy pop, típico del serial sesentón y plasmarlos sobre unos decorados que nos recuerdan a la mítica serie debido a su poca ornamentación y detalle, pero sin caer en lo ridículo o cutre de aquella época.

Respecto al elenco artístico, un premio para el director de casting, pues todos están estupendos en sus papeles. Mención especial a los protagonista Chris Pine (Kirk) y Zachary Quinto (Spock), este ultimo siguiendo una evolución se insensible a sensible, muy por encima de la media actual de nuevas caras bonitas. Y por supuesto Simon Pegg, quien se va camino de convertirse en uno de los secundarios de moda en cualquier película “freaky”. No me olvido del gran Eric Bana, pues por favor que le den más papeles de malo atormentado que aquí lo borda a pesar del maquillaje que lleva.

En resumen, estamos ante una película de lo más entretenido que podemos ver ahora en pantalla, sin dejar de lado su factura técnica y artística que no tiene nada que envidiar a películas ganadoras de premios. Esta película es una inyección de adrenalina a una saga que ha estado muerta, y dirigida a una minoría, desde hace años, y que seguro no tardaremos en ver una continuación de los mismos responsables que esta.

Lo mejor: Todo.

Lo peor: Nada.
 
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