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CINE · AULLIDOS

Crítica de Anatomía (2000)

Anatomie

Crítica de Anatomía

Franka Potente es una de las actrices alemanas de mayor proyección internacional. En 2000, dos años después del filme de culto 'Corre, Lola, corre', protagonizó en su país Anatomia, película que mezclaba elementos propios del 'thriller' y el género de terror y que tuvo distribución internacional, llegando a estrenarse en las salas españolas. Enmarcada en una prestigiosa escuela médica que esconde un turbio secreto en el depósito de cadáveres y en la sala de prácticas forenses, la primera parte de su metraje mantiene los tópicos de las obras de horror dirigidas al público adolescente. Esto se evidencia sobre todo en lo previsible de su trama y en la caracterización de personajes, demasiado esquemáticos y fácilmente reconocibles por el aficionado. Ahí están la protagonista, estudiosa y demasiado responsable, la compañera de habitación, voluptuosa y sexualmente activa, el joven raro y que encaja mal en el ambiente elitista del centro (y que pronto conecta con el personaje de Potente), y una serie de secundarios pretendidamente graciosos y llenos de testosterona.

Cuando parece que 'Anatomia' va a desarrollarse de forma similar a las producciones norteamericanas del género, cayendo la mayoría de ellas en la mediocridad, la historia incorpora un interesante giro argumental que la distancia de las películas de asesinatos en el campus convencionales: la existencia de una logia que rechaza de entrada el juramento hipocrático y cualquier consideración ética para ir más allá en sus investigaciones. Lástima que el guión no explote del todo este recurso, lo que habría hecho del filme un producto más estimable.

A pesar de ello, hay que reconocer la pericia de su director, Stefan Ruzowitzky, para rodar unas logradas escenas de tensión y dotar a la película de una atmósfera opresiva, virtudes que no se ven ensombrecidas por el hecho de que en el tercio final el espectador ya conozca de antemano la identidad del asesino que rompe las normas de la logia y las lleva a un mayor nivel de transgresión.

Lo mejor: El buen hacer de su director en las escenas de tensión.

Lo peor: No sabe aprovechar un guión que daba para más.