CINE · AULLIDOS
Crítica de Q, La Serpiente Voladora (1982)
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Crítica de Q, La Serpiente Voladora
Esta entretenida monster-movie dirigida por Larry Cohen cuenta dos historias paralelas que no tardan en cruzarse y complementarse. Por un lado está el ladronzuelo inmerso en un atraco que no sale bien, por el otro una investigación policial sobre una ola de crímenes rituales en las que se despelleja a las víctimas. Y sobrevolando por encima de ambas tramas, el misterioso monstruo volador que siembra el pánico entre la población neoyorquina.
El monstruo sobre el que se construye la historia es la serpiente con alas Quetzalcoatl (cuya abreviatura da la Q del título), derivando el guión en un pastiche mitológico que proporciona alguno de los momentos más desquiciantes del film (la investigación del policía a este respecto es como mínimo surrealista). Es difícil tomarse en serio una historia de estas características, aunque el apartado de entretenimiento quede cubierto la mayor parte del metraje (aunque la cosa decae en ciertas escenas especialmente planas) con su alucinada visión de este subgénero de monstruos imposibles.
Larry Cohen imprime un tono oscuro al relato, remarcado por el realismo sucio y viciado de una gran ciudad, la caótica y criminalizada Nueva York. Sin embargo desde el principio pone las cartas boca arriba respecto a su negro sentido del humor (con un limpiacristales perdiendo literalmente la cabeza por una oficinista), mezclando hábilmente terror con gags humorísticamente trágicos.
Los efectos especiales le dan un toque melancólico a la historia, haciéndonos recordar las maravillas de stop-motion creadas por gente como Ray Harryhausen en las aventuras de ciencia ficción y fantasía de los años 50 y 60. Eso sí, la animación de ‘Q, la Serpiente Voladora’ creada por Dave Allen no llega a acercarse en credibilidad ni en calidad a muchas de aquellas míticas creaciones, aunque sí resulta igualmente entrañable. Así, cada una de las apariciones del monstruo le añade encanto al film, siendo lo más reseñable de este. Larry Cohen incluso se permite el lujo de homenajear al ‘King Kong’ de 1933 hacia el final de la película, cambiando el rol de cazador-presa por su situación respecto a otro edificio típicamente neoyorquino, en este caso el edificio Chrysler frente al Empire State de aquella.
Las actuaciones resultan caricaturescas en su mayoría, con David Carradine y Richard Roundtree (el detective más molón: ‘Shaft’) a la cabeza, aunque el verdadero punto flaco de este film es la participación de Michael Moriarty. Actor fetiche de Larry Cohen, resulta cargante en su rol de histriónico ladrón.
El film atesora una buena cantidad de escenas potentes (como esa lluvia de sangre sobre Nueva York), y su mezcla de acción y humor con leves toques de gore cuaja durante casi todo el metraje.
Si alguien necesita algún aliciente más para convencerle de que vea este film, hacer mención a la aparición estelar de un policía-mimo. ¿Alguien puede pedirle más a Larry Cohen?