CRÍTICA DE LA CASA DE LOS 1000 CADÁVERES

Por Emilio Martínez
 
Rob Zombie, músico, escritor y director de La casa de los 1000 cadáveres, es ante todo un admirador de la serie B y de los hermanos Marx. Los nombres de los personajes de su película no son fruto de la casualidad: así el Capitán Spaulding toma el nombre que Groucho Marx usaba en El Conflicto de los Marx. Rufus T. Firefly, el inolvidable mandatario de Freedonia en Sopa de Gansos, presta el apellido a la familia y, por poner otro ejemplo, Otis Driftwood era el nombre del propio Groucho en Una noche en la Ópera.

Los constantes guiños a las películas de terror de la Universal como Frankenstein, La Mujer y el Monstruo o Drácula proporcionan cierta satisfacción de nostalgia a aquellos que piensan que los tiempos del mejor cine de terror ya han pasado a la historia. La película ambientada en 1977, tal vez la época donde la serie Z empezó a desaparecer en favor de películas más serias y productos dirigidos al videoclub, es un gran acierto por parte de Rob Zombie. La impresionante estética de la película -los 10 primeros minutos son un alarde de imaginación e inventiva- mezclando monstruos clásicos, criaturas de ultratumba y héroes de ciencia ficción.

El lastre que llevará consigo esta película es su falta de originalidad. Claramente está influenciada por La Matanza de Texas, siendo por momentos un calco de ésta. Eso si, aquí las imágenes no son tan explícitas como en la obra maestra de Tobe Hooper. Rob Zombie prefiere sugerir más que mostrar, pero no por ello se deja de pasar mal. Los quince segundos antes de que maten al policía, o el descabellamiento de uno de los protagonistas son escenas bastante retorcidas.

Sin duda, La Casa de los 1000 cadáveres es una película bien dirigida, haciendo muy buen uso de la música, con una estupenda fotografía y un grupo de jóvenes actores bastante interesante, en especial la bellísima Sheri Moon. El miedo que produce - y seguirá produciendo- el hecho de ambientar una historia en el marco rural de Estados Unidos es otro valor añadido, que hacen que esta película sea un producto bastante aceptable para despedir el año.
 
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