CRÍTICA DE MUÑECO DIABÓLICO

Por Dario García-Verdugo Vargas
 
Despues de una "Noche de Miedo" a Tom Holland se le ocurrió someternos a unas cuantas noches de juegos. Pero no era para nada un juego de niños -como indicaba su título original, Child,s Play- sino un macabro slasher basado en un guión de Don Mancini y John Lafia en el que tambíen había colaborado el realizador.

Como en tantas otras películas de psycho-killers, desde que John Carpenter la utilizara en La noche de Halloween, el uso de la camara con punto de vista subjetivo se ha convertido en todo un recurso imprescindible a la hora de rodar un film de este subgenero (aunque hay sorprendentes excepciones). Con esto Holland consigue algunos buenos momentos de suspense.

Detrás del rostro angelical de un Good Guy se esconde Charles Lee Ray, el hermano pequeño de Michael, Jason y Freddy. Malhablado, cruel, inmortal... e iniciado en las artes del vudú, Chucky fue para muchos el responsable de captar nuevos adeptos para el genero en 1988, a esa nueva generación que por nuestra niñez no habíamos podido caer todavía en las manos de esos famosos tres asesinos.
El espectador de Muñeco Diabolico debe estar abierto a todo lo que suceda, ya que si trata de buscar sentido o lógica a algunas secuencias o incluso al propio argumento no puede disfrutar de este clásico. Por eso fue una cinta que atrapó principalmente a los más jovenes (a quienes iba dirigida) y a aquellos que ya no lo eran tanto pero que se sentían capaces de serlo, al menos durante 90 minutos.

En su estilo, en abundates tópicos... queda patente que este título es de la década de los 80. Aunque todo buen slasher debe tener un tema musical característico, pegadizo y aterrador, la banda sonora de Muñeco Diabolico es un trabajo que parece no haber requerido una gran inspiración y es poco original. La partitura de los titulos de credito por el contrario no es tan decepcionante, es bastante atractiva pero no ha sido bien aprovechada.

Ya sabes, si alguno de los muñecos o muñecas de tus hermanos /as comienza a comportarse de forma extraña o compulsiva (y no me refiero a a firmar ser el autentico Buzz Lightyear), mucho cuidado no vaya a resultar ser un pelín asesino.
 
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