CRÍTICA DE MUÑECO DIABÓLICO 2

Por Dario García-Verdugo Vargas
 
La Sra. Barclay (Catherine Hicks en la primera entrega) ha sido recluida en un psiquiátrico por su testimonio sobre la pesadilla vivida por culpa de Chucky. El policía se ha rendido y retractado a pesar de haber vivido la tragedia en primera persona. Y Andy ha sido internado en un centro de acogida. ¿Qué ha ocurrido con el otro policía? ¿nunca declaró?

Hacía años que no revisaba Muñeco Diabólico 2, y echando la vista atrás a las películas de la saga del sangriento Charles Lee Ray considero que es lo mejor que ha hecho Mancini. No es que el guión sea una joya pero el equipo técnico, artístico y Lafia pusieron lo mejor de sí mismos con el apoyo de Universal para un secuela que escapa del simple interés económico. Al menos todo el empeño para procurar una secuela mucho más entretenida que la película de Holland, más gamberra e irreverente (sin pecar de ordinaria), con un nuevo diseño del muñeco más amenazante, una banda sonora más armónica. Ahora si vemos a un Chuck lleno de rabia por salir del Good Guy, desesperado por conseguirlo sin perder tiempo. Tan lleno de ira que incluso acaba con la vida de personajes que no suponen una amenaza para transferir su alma a la primera persona a la que le confesó que tenía vida (Andy): los empleados de la empresa Play Pals, la Sra Simpson...

Dar un paso más en el proceso de comercialización del Good Guy paralelamente a la venganza de Chucky y la fusión de ambas en el acto final es una idea mucho mas afortunada y brillante que la de introducir el cine dentro de cine de forma tan ridícula como en La Semilla de Chucky (escrita y dirigida por el autor de esta decente secuela).

Tampoco se puede escapar la escenografía de esta película, todo tiene el toque de “casa de muñecas” que debería haber tenido el film original. La excusa perfecta es la ridícula decoración del hogar de los Simpson con sus colores pastel y sus numerosos adornos inútiles. Ni que decir tiene que el final en la fábrica, en la cadena de montaje, es apropiadísimo.

En dos años también, la mejora de las tecnologías es obvia, los movimientos de Chucky han mejorado, ya no es necesario utilizar planos generales en los ataques del muñeco, ni tampoco planos cortos en los que no se le aprecie el rostro. Tampoco son necesarios planos de manos o de pies. Las facciones del juguete cambian, ahora posee expresividad y los asesinatos son mas largos. No hay suspense, porque todos conocemos de sobra al personaje y como actúa (no como en la película original en la que se mantenía la incertidumbre sobre como se revelaría el asesino de forma explicita hasta durante 45 minutos), pero todos los nuevos ingredientes aportados hacen que el resultado no se resienta.

La mejor secuela de Muñeco Diabólico.

 
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