CRÍTICA DE GINGER SNAPS

Por Dario García-Verdugo Vargas
 
John Fawcett (director y guionista) y Karen Walton trataron de revitalizar en el año 2000 el subgénero de hombres lobo, más tarde lo intentarían también Neil Marshall con su film "Dog Soldiers" y el tándem Craven-Williamson con "Cursed", con esta película que se desmarcaba del modelo de terror adolescente de los noventa en un momento en el que este entraba en un periodo de decadencia por la sobreexplotación de la fórmula.

Fue toda una sorpresa, no era una de esas producciones de los estudios de Hollywood, se trataba de una película de canadiense de bajo presupuesto.

Aunque "Ginger Snaps" tiene muchos elementos comunes de las películas de terror adolescente como: una historia ambientada en el instituto, adolescentes como protagonistas generalmente traumatizados o inadaptados socialmente, adultos aislados del mundo de los jóvenes, drogas, sexo, fiestas...; hay algo que la diferencia claramente. El film de Fawcett nos muestra una visión adulta de sus personajes. Por otro lado, "Ginger Snaps" trata de evitar algunos de los tópicos del subgénero de la licantropía como la influencia del ciclo lunar, pero también conserva otros como: la plata.

El inicio, que me recuerda mucho al de "It" (Eso) pero en versión sangrienta, está conseguido logrando impresionar lo suficiente y crear interés en el espectador por lo que se va a narrar a continuación. El encuentro de las dos hermanas en el parque con la misteriosa criatura, el suspense de toda la secuencia final y el ataque a Sam son sin duda escenas bastante impactantes, lo más terrorífico de la película.

El reparto es acertado destacando sobre todo a los rostros mas conocidos, quienes interpretan a los personajes principales: Emily Perkins, Katharine Isabelle, Kris Lemche y una recuperada Mimi Rogers.

La música juega también un papel importante en la película dándole a ésta un toque dramático pero a la vez estremecedor. Quizá lo más decepcionante sean el abuso del gore y los efectos especiales que son bastante bochornosos en cuanto a la imagen del hombre lobo, aunque no podemos olvidar tampoco que se trata de una película de bajo presupuesto, por lo que el director opta por utilizar planos de cámara muy cerrados en los ataques evitando mostrarnos a la criatura y consiguiendo a la vez provocar la suficiente inquietud en el espectador que no sabe muy bien qué es lo que está viendo. Otro de los aspectos que no acaban de convencerme es el ritmo de la película que es tremendamente lento, la verdadera acción no llega hasta la mitad del metraje.

"Ginger Snaps" es un título menor pero interesante para todos aquellos aficionados a la licantropía cinematográfica.
 
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