CRÍTICA DE TERRORIFICAMENTE MUERTOS

Por Ramón Ruestes
 
Bien sabido es que Transilvania es tierra de vampiros. A la vez que Pittsburg lo es de Zombies. Pero gracias a Sam Raimi, el hoy padre del Spiderman cinematografico, Tennessee se convirtió a finales de los ochenta en campo de juegos (diabólicos) de los ya míticos demonios kandarianos.

Dino de Laurentis interesado en el éxito de esa maravilla de culto que fue “Posesion infernal” le propuso a Raimi realizar una secuela. Gracias al presupuesto, pudo contar con excelentes colaboraciones, tanto en los FX con Kurtzman, Nicotero, Berger , el mismo Tony Gardner y Marck Shostrom (encargado del traje de Henrietta). Asimismo también contó con la colaboración de Eugene Shlugeist en la fotografia. Y por supuesto más tiempo para el rodaje.

Pero el resultado es de lo más curioso, porque nos encontramos que en lugar de una continuación, es más bien un remake del original con aires de autoparodia.

La historia es prácticamente similar al primer “Evil dead”. Cosa que en su día los más puristas abuchearon. Y evidentemente se podría haber sacado mas partido. Y esta cinta se puede describir con una lista de pros y contras.

Se trabajó impecablemente los trabajos de maquillaje brindándonos unas posesiones más terroríficas y efectivas. En contra, el aire cómico que en la primera albergaba semi oculto y enriquecía el film con esa atmósfera cartoon, se convierte aquí en muchos momentos en una sucesión de gags. Eso si, divertidos para los aficionados más curtidos.

Ese mismo aire dio rienda suelta a un formidable Bruce Campbell desbocado en su interpretación como un Ash acróbata y cazador de demonios, muy acertado en toda la película. Gracias a la propia naturaleza del perfil del personaje: medio estupido, pero no una mera victima como lo era en la primera película, sino alguien que reacciona rápidamente desde el primer ataque de los demonios. Además de inmortalizarse aquí como el héroe legendario que es hoy para toda una legión de fans. Sin embargo, hay momentos en los que parece intento de exprimir hasta el límite la capacidad interpretativa de Campbell, como el duelo entre Ash y los objetos de la casa. Excelente, pero un tanto surrealista y desequilibrador del ágil ritmo que tanto ayuda a que el conjunto se consuma tan bien.

Pero en definitiva, es un excelente eslabón entre ese festín de excelente cine y sangre que fue “Evil dead”, y la última epopeya de Ash en la era medieval de “Army of Darkness”. No siendo como suele ocurrir desgraciadamente en el género, una secuela de las que se limitan a repetir el titulo acompañándolas de un número para no hacer honor a su predecesora y simplemente aprovechar el éxito. Y por último, agradecer el hecho de conservar ese espíritu salvaje y lovecraftiano de la primera entrega, así como el incluir frases ya míticas como el:

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