CRÍTICA DE MELANCOLÍA

Por Carlos Marín
 
“Lars Von Trier, que será lo próximo”, que decía el homónimo en su parodia de Muchachada Nuí. Y perdón por comenzar con el guiño friki, pero es que la frase es lo que pasa por la mente de cualquiera después de ver su Melancholia, una película présiocista, magistral, de una belleza y un sentimentalismo únicos e irrepetibles. Magnifica, de veras, de ahí la frase del principio: lo próxima que traiga este hombre bajo sus brazos será, al menos por mi parte, recibido con unas ganas enormes, seguro de que se trata de uno de los mejores narradores que tenemos en la actualidad.

Los que odian al danés lo seguirán odiando después de ver su último trabajo. Está lleno de sus “defectos”: su estética, su ritmo, los planos híper-lentos que se asomaron en Anticristo (pinturas en movimiento) o el sentido exagerado del drama. Defectos o virtudes, todo depende de los ojos que miren, y para un servidor se trata de una de las mejores películas del año, una historia de pérdida y desnudez de la realidad, la búsqueda de lo que significa de verdad la muerte de todo, sin salvación ninguna. El fin del mundo es precioso, narices.

La película se divide en dos partes bien diferenciadas, movidas por las dos hermanas protagonistas. La primera se ve arrastrada por unos rituales y una apariencia que la superan, un mundo de falsa felicidad que obliga a seguir esa pautas (cásate, sé feliz, vive tu vida) del que intenta revelarse como pueda. Es en esa parte cuando el film se centra en el sinsentido de la vida, en esa expresión de la hipocresía que a veces son las bodas, como la que enmarca esta parte. El planeta que da nombre a la película, Melancholia, aquí es una estrella alejada que ejerce algún hechizo sobre la novia, una revelación que se encarna en la figura de la madre, horriblemente sincera.

La segunda parte, centrada en la hermana mayor y racional, es cuando revela el horrible destino que va a vivir nuestro planeta al ser absorbidos por esa Melancholia gigantesca que anuncia el prólogo. De nuevo Charlotte Gainsbourg se sale por todos lados, da un recital de desesperación de un personaje que, al final y al igual que su marido arrollador, no es capaz de aguantar la destrucción de su único punto de vista, de su mundo de blancos y negros adecuado al mundo en el que vivimos, la completa némesis del personaje de Kirsten Dunst.

Impresionante cómo se va acercando el planeta, cómo la música acompaña cada uno de los momentos y cómo su director es capaz de traspasar la pantalla, incluso deprimir, con un sentimentalismo que casi se puede tocar con la punta de los dedos. Que plasticidad madre mía, se lo creerá muchísimo y se hará un ególatra de cuidado, pero es que Von Trier se merece todos los elogios posibles por tener una visión única y una sensibilidad propia. Una voz, y además, una voz preciosa.

No es para nada una película difícil (ni siquiera Anticristo lo era), sino que se mueve en terrenos alejados de lo comercial, para nada la típica película apocalíptica. Melancholia es una obra increíble, una bestia parda que remueve a niveles emocionales, una tormenta de buen cine imprescindible de ver en pantalla grande. Que sí, que los que les cae mal y piensan (con razón) que Lars Von Trier es un pedante se molestarán y seguirán poniéndolo a parir, pero dejen a los que nos gusta su cine que nos volvamos locos, nos apasionemos y nos emocionemos con grandes obras como la que nos ocupa. Gran cine, al fin.

Lo mejor: Lo bien que dirige su director, lo increíble de su reparto (acojonante Gainsbourg) y lo preciosa, bella, desesperante que es.

Lo peor: Lo mal que cae su director tapa todas sus virtudes y aumenta sus defectos.
 
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