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CRÍTICA DE AL LÍMITE

Por Ignacio Estrada
 
He de reconocer que después de ver el trailer de “Al limite”, pensé que iba a encontrarme con la segunda parte de “Payback”, pero afortunadamente no ha sido así. Para mi gozo me he encontrado con la primera gran película de este año, donde todo encaja como la maquinaria de un reloj suizo y a la que me ha costado sacarle algún defecto.

William Monahan, guionista ganador del Oscar por “Infiltrados” nos introduce en una historia de padre e hija para, a los escasos minutos, dar un giro brutal que a su vez vuelve a girar otra vez para así llevarnos a un complejo puzzle muy entretenido, y en el que el espectador no se pierde en ningún momento gracias a la gran cantidad de información que nos dan los diálogos. Además, Monahan tampoco olvida de que Mel Gibson es el protagonista y le da alguna que otra gran frase de esas a las que nos tenia acostumbrados en la saga “Arma letal” pero dotadas de más humanidad.

Y es Mel Gibson, el actor metido a gran director, el que más sorprende pues consigue que el espectador conecte con él desde el primer plano donde le vemos en la estación esperando nervioso la llegada de su hija, hasta el plano final que no revelare aquí. Esta interpretación se complementa muy bien con Ray Winstone, quien interpreta a un personaje un tanto ambiguo pero muy real para la sociedad en la que vivimos. Cada uno de los cara a cara entre él y Mel Gibson son verdaderos duelos interpretativos donde al final gana Ray Winstone aunque sea por su manera de sujetar la copa, ya sea de vino, cerveza o whisky.

Tal vez, el único “pero” que puede ponerse a la película es que los personajes episódicos parecen interpretados por aficionados, pues sus miradas y gestos están mas pendiente del texto que han memorizado que de no poner caras raras en pantalla.

Martin Campbell es la otra gran sorpresa de esta película. Ya en “Casino Royale” comenzó a mostrar grandes dotes de director pero es en esta película donde se lleva la palma, convirtiendo lo fácil y sencillo en efectivo, y sino presten atención a cada una de las secuencias de acción, al mas puro estilo clásico con planos causa/efecto (no siempre, pues podría excederse en violencia), planos fijos para dar la acción (olvidándose de mover la cámara como si estuviéramos en un barco tan de moda últimamente) o esos cambios de focos en un mismo plano que tanto recuerdan al cine de los ochenta.

No es casualidad que él fuese el director de la serie en la que se basa la película. Atención al primer plano de la película, sin palabras. Una gran dirección.

La fotografía y el montaje resultan de lo mas correcto, en especial este ultimo pues tras de el esta Stuart Baird, uno de los mejores montadores de películas de los ochenta como “Arma letal” o “La profecía”.

Pero las felicitaciones más aplaudidas son para los técnicos de sonido, por crear esos falsos silencios que acompañan magníficamente a la imagen y para Howard Shore que vuelve a dar otra muestra de lo bueno que es cuando quiere. Atención a los momentos intimistas que compone para señalarnos los recuerdos y la soledad del protagonista muy bien enfrentados con cada uno de los temas de acción.

Estamos ante un thriller adulto de esos que ya pocas veces vemos, muy entretenido y efectivo, que casualmente funciona muy bien en todos sus aspectos y que nos devuelve a un héroe de los ochenta con mucho que decir (aunque esté más centrado en su carrera como director).

Lo Mejor: Martin Campbell y las escasas pero atractivas secuencias de acción. Por supuesto Mel Gibson y Ray Winstone.

Lo peor: Las interpretaciones de los personajes episódicos.

 
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