CINE · AULLIDOS
Crítica de Sin Límites (2011)
Limitless
Crítica de Sin Límites
Hace unos años Neil Burger sorprendió con “El ilusionista”, una modesta película con un Edward Norton en estado de gracia, que conectó con el publico gracias a una historia a medio camino entre el romanticismo y lo increíble. Ahora llega a nuestras pantallas “Sin límites”, una apuesta totalmente diferente, que si bien entretiene no llega a emocionar ni dará mucho que hablar que en estos días.
La historia que nos plantea, basada en una novela de Alan Glynn, es la de un pobre hombre que lo ha perdido todo y consigue tener acceso a una droga que potencia nuestra capacidad cerebral, es decir, nos convierte en genios.
La película se sostiene durante su primera hora gracias a la dirección de Burger, que se adapta muy bien a la hora de transmitirnos como se siente el personaje principal cada vez que toma NTZ (nombre de la droga). Es decir, ese primer viaje alucinógeno, con una dirección que recuerda más a la de “Crank” que a otra cosa, pero que luego al igual que el relato cae un poco en la monotonía y en ir a lo sencillo.
La calidad técnica es pasable pero sin llegar a la admirable fotografía que pudimos ver en “El ilusionista”. Aquí Jo Williams (Hard Candy) se limita a poner colores en las secuencias alucinógenas y poco más.
En cuanto al reparto, hay que comentar que De Niro ha tocado fondo. Aquí se limita a poner la ya archiconocida cara de Max Cady y poco más. La sorpresa la da Bradley Cooper, quien aguanta muy bien el tipo durante toda la película, incluso en las secuencias más oníricas como ese final en el apartamento.
En resumen, esperábamos más de Neil Burger, a pesar que él cumple de la mejor manera posible. La película entretiene, pero después de verla nos surgen dudas sobre ciertos personajes que no aportan nada a la trama, como la novia de Bradley Cooper interpretada por Abbie Cornish (Sucker punch) o la ya citada secuencia final en el apartamento, demasiado surreal para el ritmo de thriller que lleva la película
Lo mejor: Bradley Cooper y la dirección de Neil Burger
Lo peor: Robert De Niro