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Crítica de The Caller (2011)

The Caller

Crítica de The Caller

Un primer y fugaz vistazo a sus imágenes promocionales o a su sinopsis podría aventurarnos en el error de considerar “The Caller” como una película de tercera. Sería fácil asociar su look al típico telefilm de sobremesa para echar la siesta, y aún más fácil asociar su historia a la de “Frequency” (Gregory Hoblit, 2000), y tildarla gratuitamente de plagio o refrito. Bordaríamos el prejuicio si a ello sumamos su notable falta de ambición y pretensiones, el cuasi anonimato de sus intérpretes y la sutil presencia mediática, pero gracias al buen hacer de su director, Matthew Parkhew, la verdadera “The Caller” despliega su abanico de virtudes a los pocos minutos de visionado, y borra de un plumazo las falsas impresiones del siempre peligroso “primer y fugaz vistado”.

“The Caller” narra la desdichada historia de Mary Kee, una chica atrapada entre dos horrores de diferente contexto y naturaleza, uno real y otro sobrenatural, que confluyen casualmente en su nuevo piso para atormentarla.

Tras divorciarse de su marido por recibir maltratos, Mary cambia de hogar y de pareja creyendo que así su vida va a mejorar. Sin embargo su ex no está dispuesto a renunciar a su “posesión” ni mucho menos a compartirla con más hombres, y para colmo una imposible llamada telefónica realizada desde el pasado hace que otra mujer entre en la vida de Mary, y se una al juego de amenazas, tortura y asesinato.

El parecido argumental con “Frequency” salta a la vista: alguien del pasado habla con alguien del futuro y a medida que el primero altera acontecimientos de su tiempo, la vida y los recuerdos del segundo van cambiando. Sin embargo no es lo que cuenta, sino el cómo lo cuenta, lo que hace que pese a las similitudes, “The Caller” se alce como un título de calidad e identidad propia. Para empezar, “The Caller” está completamente volcada al género de Terror, e incluso podría etiquetarse como un cruce entre Slasher sobrenatural y Psychothriller, con el tono sobrio, crudo y oscuro que aporta una fotografía despojada de efectismos y filtros de postprocesado, un ritmo equilibrado con regusto clásico, la inquietante pero elegante percusión en la BSO, sus excelentes interpretaciones, creíbles gracias a la calidad de los actores y su cuasi anonimato, la buena construcción de personajes, con una antagonista que pese a su poca presencia física logra imponer, incomodar y despertar odio, la inteligencia de su guión y dirección, y un apartado técnico que si bien es modesto, brilla cuando tiene que hacerlo y no se deja arrastrar por los excesos.

Como siempre que se juguetea con el espacio-tiempo en la ficción, la historia no está exenta de agujeros (y no sólo de gusano), pero el drama humano ayuda a minimizarlos descentralizando su relevancia y la atención del espectador, y al final la fusión entre la trama fantástica y la real se resuelve en un desenlace que hace justicia a la película, a la historia y a sus personajes. Curiosamente Parkhill ya trabaja en una secuela, que visto lo visto.