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CINE · AULLIDOS

Crítica de House of the Dead (2003)

House of the Dead

Crítica de House of the Dead

Dejémoslo claro: esta película es infame de principio a fin. Sin embargo, y dependiendo de cómo te la tomes, la nota final puede hasta mejorar y todo. Sí, lo digo en serio. Porque este es el típico film que, o te rasgas las vestiduras mientras recitas sus males con voz nasal y el pelo casi afro, o se ve con los amigos simplemente para comentar lo que hay delante y reír hasta que se te caigan los dientes.

Sacado de un videojuego que tampoco es que tuviera un gran argumento (aunque esas cosas NUNCA han sido un impedimento para ciertos productores y directores), la película gira alrededor de varios tópicos como la típica isla de la muerte, donde lo más misterioso no es que haya zombis, sino que haya descerebrados que quieran celebrar algo allí, con los típicos marineros que intentarán disuadir, por supuesto sin éxito, a los protagonistas tópicos (la rubia, el modelo, el león, la bruja y el armario; bueno, ya os los sabéis) de llegar a su puerto. Llegan a la isla, los zombis se han merendado a casi todos los presentes en la fiesta, y un grupúsculo de supervivientes les cuenta lo sucedido. Su objetivo, a partir de entonces, es sobrevivir... y el tuyo, acoger con una sonrisa incrédula lo que se te viene encima.

Sin embargo, algo ocurre. Tus pupilas se dilatan y sucede algo inesperado y completamente absurdo: durante el metraje se intercalan escenas del videojuego. Recuerdo haber leído al respecto, pero no me lo terminé de creer hasta que vi la película; y ahí estaba. Sin pudor. Como un exhibicionista y su gabardina.

Todos los despropósitos culminan con un tiroteo digno de enseñar en una escuela de cine, sobre qué no hay que hacer en una escena de acción. Aunque, si se piensa bien, toda la película es una lección de cómo no hacer cine.

Lo mejor: Nada, en el buen sentido. En el mal sentido, lo gracioso que queda semejante anti-cine, aunque nada tiene que ver esto con la intención del director.

Lo peor. Todo, desde actores hasta música: ya mejoraría el que se introdujera un piano Casio. Que el director, lejos de hundirse, pueda permitirse hacer subproductos todavía más caros.