CRÍTICA DE EVA

Por Carlos Marín
 
La ESCAC nos ha dado en los últimos años muy buenos nuevos talentos y, gran parte de ellos, muy cercanos al género: J.A. Bayona (El Orfanato), Guillem Morales ("Los ojos de Julia", "El habitante incierto")... nombres con muchas ganas de hacer cosas diferentes y arriesgar en un territorio, el nacional, que para un director novel y de género al menos hace unos años, era hostil como pocos.

Otro de esos nombres a apuntar es el de Kike Maillo, director de la película de ciencia-ficción robótica "Eva", otra vuelta de tuerca más al talento que quiere romper moldes y demostrar que podemos, oh sí, podemos hacer cosas maravillosas si se tiene fuerza y talento. Y de eso precisamente "Eva", va sobrada.

La película muestra un mundo donde la robótica es el pan nuestro de cada día, pero sin llegar a la hiperbólica y estilizada recreación que películas como Yo, Robot dan, sino más cercana a esa realidad con un toque de fantasía, ese futuro cercano pero sin fecha que podemos ver tan nuestro. Los elementos robóticos y futuristas se integran con facilidad en el mundo que Maillo plantea, gracias también a unos efectos especiales mimados y cuidados al detalle, donde se intuye un trabajo en post-producción largo y artesanal.

La historia puede que no sea ni tan compleja ni tan acelerada como uno podría esperar, sino que tira más hacia un nivel emocional, casi minimalista, con el que contar una historia de amor y pérdida humana a través de personajes que crean vida artificial. El tono nostálgico, de ciudad nevada y, por qué no, crepuscular, ayudan a transmitir esa sensación de horrible soledad que acompaña a todos los personajes. A todos, excepto a la risueña y enérgica Eva, quizás ese rayo de sol vestido de rojo que necesita el ingeniero robótico interpretado por Daniel Brühl.

En ese sentido que nadie se espera ni una película de acción con robots, ni una de terror con robots, ni cualquier cosa que desde Hollywood nos podrían vender. Es puramente europea, es un drama y está más hecha con el corazón que con el cerebro. Aun así, ese corazón no termina de conectar tanto como uno desearía y, excepto por el personaje interpretado por el gran Lluis Homar, el nivel emocional que deberían transmitir los protagonistas no es así y, aunque uno se intente dejar llevar, no lo puede hacer con el corazón (de nuevo) en el puño.
Destacar y de manera totalmente personal, una de las escenas clave (de personajes) en la película, cuando suena de fondo el Space Oddity de David Bowie. Tan solo por lo increíble que es esa canción ya vale la pena mencionar el momento, pero es que además es la parte perfecta donde el director muestra que es capaz de dirigir una escena muy, muy bien hecha sin alardes técnicos ni robots o efectos especiales de por medio (ese Daniel Brühl en la puerta cuando la canción comienza a subir...).

Por otra parte, puede que la (en opinión de un servidor) muy mala elección de escena inicial le juegue una mala pasada y rompa ese giro que podría transmitir lo que la cinta debería hacer, pero seguramente vendría por criterios más comerciales que artísticos (definir que al menos en algún momento de la película vas a ver algo de movimiento). Ese error se arrastra toda el metraje y encadena el guion, no dejando disfrutar del todo del viaje que se supone está proponiendo.

Aún así, grandes aciertos como todo el diseño de producción entran por los ojos nada más aparecer en pantalla: el gato, los robots de “ambiente”, los aparatos del laboratorio, el robot-niño de pruebas, la manera en la que el protagonista diseña personalidades... Un trabajo realmente imaginativo, prodigioso casi diría, de una austeridad y una concepción de lo industrial y poco exagerado digna de admiración. De nuevo, ahí se notan las ganas y las fuerzas.

En general "Eva" es una película que gusta, toca palos diferentes en un entorno poco explorado como la ciencia-ficción y da un producto único, un drama de ciencia-ficción emocional con mucho, muchísimo talento detrás. La labor de Kike Maillo es increíble y aunque su guion y su montaje falle en según que momentos, desde luego es una de esas películas admirables, bonitas y que, esperemos, marquen alguna estela.

Lo mejor: La dirección, técnica y de actores, así como el increíble Lluis Homar, capaz de transmitir con un personaje robótico más que cualquier humano en la película.

Lo peor: El prólogo arrastra la trama y que no acabe de emocionar lo que debería.
 
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