CINE · AULLIDOS
Crítica de Leyenda Urbana 2 (2000)
Urban Legends: Final Cut
Crítica de Leyenda Urbana 2
Aunque para muchos pasase desapercibida, Kevin Williamson planteó con el inicio de Scream 2 (en el estreno de Stab, Puñalada) una inteligente e interesante reflexión sobre el comportamiento de los jóvenes aficionados al terror, que abarrotamos las salas de cine.
Este retrato del enfebrecido público en el estreno de Stab, ansioso por ver asesinatos al grito de: Vamos, acaba con ella, mátala.!, ¿es real? ¿que concepto tienen de nosotros los estudios? ¿De insensatos a los que complacen de forma sencilla y barata con noventa minutos protagonizados por iconos adolescentes (muchas veces con pésimas interpretaciones) a los que un loco asesino en serie rebana el cuello mientras la sangre salpica la pantalla sin importar la solidez de la historia?
Personalmente opino, que desgraciadamente muchas veces sí.
Y es que Urban Legends: Final Cut, traducida en nuestro país como Leyenda Urbana 2, no escapa de esa multitud de títulos de escasa calidad de la década de los ochenta y noventa, dirigidos por nuevos directores que buscan conseguir el prestigio de otros experimentados en el genero, y caen continuamente, consciente o inconscientemente, en errores como filmar guiones poco interesantes. Películas en las que tan solo prima mostrar a un grupo de jóvenes que terminen muy mal en manos del enmascarado asesino en serie de turno.
El inicio solo sorprende a aquel que no conozca la sinopsis. Desde el primer minuto es incapaz de transmitir la más mínima inquietud y mucho menos de preocuparnos por el desarrollo de la trama y el destino que depara a cada uno de estos personajes tan irrisibles como patéticos. Si creíamos que nos habíamos librado de la desquiciante guardia de seguridad del campus estábamos muy equivocados, y eso sin hablar de la entrada en escena del hermano gemelo del amigo de la protagonista.
La utilización al final de la ya clásica sintonía de la exitosa serie Alfred Hitchcock Presenta, "Marcha fúnebre para una marioneta" del compositor francés Charles Gounod, y el "modesto" atrevimiento y alarde (más bien ingenuo), de llamar al premio al que todos quieren optar: Hitchcock (si Sir Alfred levantar la cabeza...!) ponen al espectador ante el aprieto de tener que decidir entre tomarse esto con sentido del humor o indignarse.
La supuesta innovadora aportación del concepto de cine dentro de cine no es algo nuevo, se ha abordado en este mismo subgénero, el slasher, con anterioridad (no me refiero a guiños ni metacine, sino a la idea de una película dentro de otra) en La Nueva Pesadilla de Wes Craven (1994), Scream 2 (1997) y unos meses antes durante ese mismo año, también con Scream 3 (2000). Así que esa "supuesta" innovación se queda en tan solo un desesperado intento de llevar la historia más allá de las leyendas urbanas utilizando un recurso que tan buenos resultados había dado en otras películas.
Aunque cada vez parezca menos creíble esta posibilidad, el cine de terror "de palomitas" es perfectamente compatible con el termino calidad (al menos la mínima aceptable). Hay buenos ejemplos de ello.