CINE · AULLIDOS
Crítica de Nunca Juegues Con Extraños (2001)
Joy Ride
Crítica de Nunca Juegues Con Extraños
Mucho se rumoreó, en el momento de su estreno, sobre si esta película era o no un remake no confirmado de un clásico de Steven Spielberg. Pero lo cierto es que si combinamos la premisa de El Diablo Sobre Ruedas con el desenlace de Carretera Al Infierno, dos de las más populares road movies, y a esto le añadimos una broma pesada (aunque menos macabra) comparable a la de El Tren del Terror, tenemos Nunca Juegues con Extraños.
El, en principio, interesante argumento va languideciendo poco a poco. El guión se vuelve torpe y no lo mantiene ni siquiera el suspense, transmitiendo la sensación de que se estira lo más posible el argumento hasta el momento del desenlace. Muy pocos sucesos (por no decir casi ninguno) de los acontecidos hasta ese punto tienen cierta trascendencia. El problema está en que los escasos sustos que aderezan el guión hasta el mencionado final los hemos visto ya en la película de la que este filme toma demasiadas ideas, El Diablo Sobre Ruedas, con un camión y un conductor (convenientemente oculto en todo momento) mucho más inquietantes.
Al menos, pese a su final abierto, parece que no habrá secuela, o por lo menos no una en la que Clavo Oxidado vuelva a hacer sudar y sentir escalofríos al siempre a todo gas, Paul Walker, a la hija de uno de los sucesores a la corona de Polonia, Lelee Sobieski, y al aventurero sahariano Steven Zahn, que por el momento tras haber aprendido la lección: nunca juegues con extraños, continúan sus carreras con proyectos muy distintos.
Hollywood vuelve a tomarnos el pelo una vez más.