CINE · AULLIDOS
Crítica de Otra Tierra (2011)
Another Earth
Crítica de Otra Tierra
Imaginad que, un día cualquiera, los científicos descubren un planeta igual al nuestro, en el horizonte del cielo. Imaginad además que ese planeta es una réplica exacta, terrenal, atmosférica y, además, con gente como nosotros. Igual a nosotros, nuestros dobles. Una idea inquietante, ¿verdad? Pues este concepto de sci-fi metafísico es la base con la que comienza Another Earth, una película pequeña, diminuta casi, que juega con conceptos como el perdón, la redención y las segundas oportunidades con un telón de fondo que, por qué no decirlo, es realmente envidiable.
Michael Cahill utiliza el concepto de la otra tierra (o Tierra 2) no como un elemento clave de la trama, sino más bien como un catalizador de los terribles sucesos a los que los protagonistas se tienen que enfrentar, algo tan común (por desgracia) como un accidente de coche con horribles consecuencias que dejan vidas marcadas para siempre. El planeta reflejo está siempre ahí, en el cielo, mirando la situación, como un narrador omnisciente, pero no interfiere salvo en un par de momentos, los precisamente claves de la película. Es un contexto, una sensación en el ambiente... un estado de ánimo.
Lo cierto es que el film está rodado con un tono contemporáneo con mucha sensibilidad artística, con mucho movimiento, cámaras en mano, planazos a cámara lenta (normalmente todos los exteriores con la Tierra de fondo) y, en general, un tratamiento lírico de la historia que ayuda, aún más, en meternos en el nivel sentimental que la historia exige, ese donde todos los personajes son frágiles y están al borde de la rotura absoluta, de la no vuelta atrás.
Al fin y al cabo la película es un drama, uno intimista y en algunos casos hasta muy deprimente, pero un dramón al fin y al cabo sobre la pérdida y el perdón. Eso es algo que juega a su favor y a su contra al mismo tiempo. A su favor porque alimenta una historia de personajes perdidos a los que acompañar, que llegan a emocionar y a los que sigues por esa truculenta relación por la que pasan. Y en contra, porque salvo el detalle (o la excusa) del planeta secundario de fondo no estás viendo más que otra película más sobre vidas rotas, una indie movie que si no fuera porque tiene un planeta Tierra en el cielo no pasaría con tanta atención bajo nuestra mirada.
La actriz protagonista, que al mismo tiempo es la co-escritora del guión, sabe quizás gracias a esto dos los recovecos y detalles que tiene su personaje y los transmite con facilidad, sabiendo equilibrar una interpretación que podría haber sido tan deprimente o incluso convencionalque nos habría hecho detestar al personaje. Todo lo contrario. Muy diferente es el caso del personaje del hombre afectado por el accidente, una interpretación demasiado rebozada del trauma que genera alcoholismo por la pérdida de los seres queridos. En ese sentido se nota lo importante que es conocer a un personaje desde dentro hacia fuera, construirlo uno mismo y manejarlo con total conocimiento de cada causa, cada palabra, cada acto.
Aunque reclame cierta complicidad con el espectador (como se lleva lo del viaje espacial es un recurso metido con calzador para olvidarse de las excusas) y peque de ser un dramón en toda su base y desarrollo, Another Earth es un film muy interesante y que plantea nuevos horizontes, tanto en la sci-fi moderna como en el mundo de los nuevos realizadores con ganas de innovar en el mundillo. Una película necesaria, pequeñita, sin ganas de cambiar el mundo pero sí de dar aliento a un espectador cansado de tanto apocalipsis.
Lo mejor: La dirección de Cahill (con auténticos planazos) y su protagonista.
Lo peor: Que al final se trata de un dramón que, sin la sci-fi, hubiera sido considerado como uno más.