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CINE · AULLIDOS

Crítica de Antiviral (2013)

Antiviral

Crítica de Antiviral

De premisa tan original que hasta da envidia, Antiviral pasa de ser el típico proyecto debut de un tal Brandon Cronenberg (¿os suena el apellido?) para alzarse como un film sólido, enfermizo y con una calidad indiscutible. Una reproducción exhaustiva del vampirismo que ejerce la sociedad contemporánea frente a esos nuevos dioses llamados famosos. ¿Quieres tener la gripe de Beyoncé? Mientras lo puedas pagar, será tuya. Apasionante concepto, gran potencial de explotación.

Y el bueno de Brandon sabe lo que tiene entre manos. Lejos de quedarse en un simple (GRAN) concepto, su director recorre toda una serie de rincones obsesivos, extremadamente desagradables pero inquietantemente humanos. El consumo de células musculares o los insertos de piel para poder tocar a las celebrities con nuestras propias manos, locura insana que, si bien es una clara hipérbole del exceso fan de nuestros días, no se aleja tanto de una realidad donde la necesidad por entrar en contacto con el nuevo dios en cuestión puede llevar a límites insospechados.

La atmósfera y la fotografía es aséptica, blanca, casi de hospital clínico. Entra muy bien dentro de ese contexto vírico que desprende el metraje, con constantes como la insistencia del protagonista con la frase “estoy enfermo”, los primerísimos planos de agujas o las representaciones fotográficas que son las constantes de la enfermedad, realmente desagradables. Si hay algo que ha heredado el muchacho de papá es su capacidad por entrar en el terreno de lo desagradable con tanta facilidad como estilo artístico. Que nadie espere nueva carne, porque no va por aquí la cosa, pero sí que os podéis hacer una idea pensando que papi chungo estaría orgulloso de su retoño.

La elección de su actor protagonista no puede ser mejor, tanto por su propio aspecto físico (delgado, lleno de pecas...) como por la caracterización que le da el actor a su personaje. El deterioro que va sufriendo mientras va pasando cada minuto se nota en su forma de hablar y de caminar. La manera en la que mira, observa, transmite la idea de ese ser perturbado dentro de un mundo donde se trafica con enfermedades por placer. Un mundo en el que, quizás, encaje mejor de lo que a simple vista parece.

Como pasa en muchas grandes películas, Antiviral se podría definir con dos planos, el que abre la película y el que la cierra. Obviamente no los desvelaremos aquí, pero sabréis cual es la conclusión (o debate) que quiere mostrar su director a través de una de las historias más frescas, obsesivas y enfermizas del cine reciente. Todo un descubrimiento, esperemos pronto poder ver más material del que promete continuar un legado tan bonito como el de la fascinación por los tabús y la imaginación sin límites. No sé que pondrán esta gente en el café por las mañanas, pero a mí pónganme tres tazas. Larga vida a los Cronenberg.

Lo mejor: la enfermiza dirección, la brutal premisa original y su actor protagonista.

Lo peor: su ritmo puede ser muy pesado, y hay quien le reclame más gore al asunto.