CINE · AULLIDOS
Crítica de Tulpa (2012)
Tulpa
Crítica de Tulpa
Qué difícil resulta a veces separar el pasado del presente y al sujeto del objeto. El espectador medio tiende a apreciar más los recuerdos por su contexto que por su contenido, y las valoraciones personales, axiomáticas en cualquier coloquio sobre cine, a veces se pasan tanto de “personales” que es imposible distinguir si se está hablando de un qué o un quien.
Es por esto que los Western, los Musicales, las Space Opera, el Hardboiled-Noir, el Chanbara y otros géneros muertos que tuvieron su Edad de Oro en la historia del cine, siempre contarán con el apoyo incondicional de la nostalgia, sea auténtica o artificial. Una excusa de peso para que cualquier cineasta espabilado, bajo la excusa del homenaje póstumo actualizado, “amenace” con resucitarlos tirando de obras menores que al final sólo cumplen con las expectativas en taquilla, y a veces ni eso.
El Giallo sería otro de estos géneros, y el mismísimo Argento uno de los jetas que trataron de explotarse a sí mismos, como prueba esa aberración protagonizada por Adrien Brody y la Pataki, cuyo título no debe ser nombrado.
De tanto en cuando amaga con renacer, pero ni siquiera películas como “Amer”, “Ojos de Cristal” o “Masks”, de notoria calidad y hechas con una ambición de otra índole, han logrado trascender más que como tímidos escarceos.
Federico Zampaglione, quien ya demostró su buen hacer en “Shadow” (2009), se une a esta noble causa con “Tulpa”, un neo-giallo que recupera a rajatabla los clichés iconográficos del subgénero, aunque rebozados en un pintoresco halo de misticismo tibetano. Sólo un visionario podía confiar en que semejante tutifrí, a priori estrafalario e insostenible, terminase reflejando un acierto tan digno de elogio.
La historia de Tulpa, guionizada por el propio Zampaglione, gira en torno a Lisa Boeri, una agente de bolsa que de pronto se ve obligada a competir por el ascenso con sus compañeros de trabajo debido a la inminente jubilación de su jefe. Lisa no cree estar preparada para el cargo, pero sabe como atajar sus problemas de autoestima: el Club Tulpa, un local místico privado que ofrece experiencias sexuales y lisérgicas para alcanzar un estado elevado de la conciencia y dominar los demonios internos, los tulpa.
Por desgracia para Lisa, el conflicto con sus demonios va más allá del club; alguien está asesinando sistemáticamente a todos sus amantes.
Guantes negros, sombreros de ala, el filo de una navaja brillando en la noche, muertes retorcidas, desnudos sin tapujos, suspense, música excéntrica y mucha elegancia. Tulpa tiene todo lo que buscamos en un giallo.
A nivel de casting la película también está a la altura, y aunque casi todo el peso interpretativo recae sobre Claudia Gerini, lo cierto es que hay un secundario que consigue eclipsarla cada vez que entra en escena. Kiran, el críptico dueño del Club que encarna Nuot Arquint, se antoja una excusa más que suficiente para ver Tulpa. Si en “Shadow” hizo un papelón como villano, aquí Arquint borda un personaje para el recuerdo gracias a su bizarra e insondable ambigüedad.
La historia es sencilla y a la par compleja, ofrece varias lecturas a quienes se encuentren en la tesitura de buscarle tres pies al gato, pero meramente accesorias, sin desarmar la solidez de su trama principal o interferir en el entretenimiento.
Tulpa se perfila como uno de esos pocos ejemplos que ahondan en la nostalgia sin escupir en ella. Un giallo a la vieja usanza, realista o sobrenatural, según se mire, capaz de dejar en trance al espectador con sus efluvios místicos y a ratos sangrientos.